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Martes, 11 de diciembre de 2018



COLUMNISTAS


Desafíos inéditos

Ennio Rodríguez [email protected] | Martes 20 junio, 2017


Desafíos inéditos

Las transformaciones tecnológicas traen consigo cambios dramáticos en la dinámica del empleo. Hoy vivimos una nueva y más profunda revolución tecnológica. La historia nos muestra que los cambios de los últimos 160 años en Estados Unidos han sido relativamente poco traumáticos, lo cual lo hace la excepción. En el caso europeo, las mismas transformaciones produjeron hambrunas y migraciones. Estas migraciones no solo se dirigieron hacia Estados Unidos, sino también a América Latina, Asia y África en magnitudes sin precedentes y que no se han vuelto a repetir en las mismas dimensiones.

La nueva revolución tecnológica, ¿se parecerá a la experiencia europea o a la estadounidense? McKinsey & Company presentó, en el reciente Congreso de Ciencias Económicas, datos para el caso de EE.UU. Este país vivió, prácticamente sin grandes traumas visibles hasta 2010, la mecanización de la agricultura, la revolución industrial y la posterior automatización de las manufacturas. Sus datos muestran una sociedad que pasó de tener el 63% del empleo en el sector agropecuario en 1840 a tener menos del 3% en 2010. Mientras el sector industrial pasó de un 9% en 1840, llegó a un máximo del 28% luego de la Revolución Industrial en 1920 y ha venido decayendo hasta llegar a representar menos del 10% en 2010. El resto de la economía, dominada por los servicios, ha crecido ininterrumpidamente. Representó un 28% en 1840 hasta llegar a ser más del 85% en 2010 y compensar, como fuente de empleo, en términos relativos, a los sectores productivos tradicionales. Este fenómeno, que también se repitió de manera similar en algunos países, fue producto de una concatenación compleja de factores: recursos, población, migraciones, educación creciente de la población, marco institucional y aspectos culturales, entre otros, la cual no necesariamente se repetirá con respecto a los cambios que se avecinan. El mismo EE.UU. ha mostrado recientemente cambios traumáticos producto de la automatización en el sector industrial, con efectos concentrados en determinadas regiones. Debemos, por lo tanto, prepararnos.

En primer lugar, la combinación de innovaciones disruptivas a partir de las plataformas digitales y virtuales, así como otras tecnologías también disruptivas en los campos de las biotecnologías, las nanotecnologías y las energías, enlazadas también con la inteligencia artificial y los grandes números de las plataformas informáticas, no dejarán categoría ocupacional sin impacto. Los análisis de McKinsey & Company para Costa Rica muestran un potencial de automatización promedio para Costa Rica de 51,7% de las actividades por categoría de empleo con las tecnologías existentes. Los resultados por categoría ocupacional para nuestro país van desde el 33% de posible automatización en las actividades de los profesionales hasta un 71% en la manufactura. Reitero, esta estimación es sin incluir el impacto de tecnologías previsibles aún no desarrolladas completamente como innovaciones disponibles y las no previstas. Se calcula que las innovaciones disruptivas previsibles continuarán impactando por espacio de dos décadas. Además, no se prevé que el ritmo innovador se desacelere en sus trayectorias exponenciales. El cambio tecnológico vino para quedarse y, sabemos que la automatización permite producir mejores productos y servicios, de manera más eficiente y a menor costo. Es decir, negarse a adoptar las innovaciones es condenarse a producir productos inferiores con costos no competitivos internacionalmente, con la excepción de aquellos en los cuales la dotación particular de recursos nos define una competitividad absoluta que permite convivir con niveles inferiores de eficiencia relativa.

Nos toca, al igual que a la generación del 48, redefinirnos como sociedad, Estado y personas. Pero el cambio constante y la preparación para la aceleración disruptiva de sus trayectorias nos obligan a reinventarnos sin un modelo acotable de cambios discretos que podamos definir como el ideal aspiracional. Se trata de crear capacidades para la adopción, adaptación e innovación constantes: una sociedad donde abunden los emprendedores. Sabemos que la educación actual no responde a ese futuro, el marco institucional y legal se encuentra desfasado, los sectores productivos a las puertas de cambios insoslayables en su productividad y que las personas deberán reinventar sus ocupaciones a un ritmo que los viejos de hoy no conocimos, aunque muchos incluso percibimos como vertiginosos en algunos momentos de nuestra vida.

Las generaciones que están ingresando a los mercados laborales se encuentran con situaciones de cambio e incertidumbre que ninguna generación anterior debió enfrentar y las está marcando fuertemente como personas. Por lo tanto, nunca como ahora, necesitamos un liderazgo político, el cual, con sabiduría, información y estudio, nos dé esperanzas que, ante los desafíos inéditos, tendremos las reservas morales, intelectuales y organizacionales para enfrentar las deudas del desarrollo no resueltas de nuestro pasado, pero también las que aún no conocemos. Para desafíos inéditos, debemos ser capaces de construir las capacidades para generar respuestas inéditas.