Nuria Marín

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Lunes 3 Octubre, 2011


Desactivar las bombas de tiempo

¿Qué tienen en común las revueltas ocurridas en algunos países árabes, Grecia, Reino Unido o España? Si bien en cada país los problemas tienen sus particularidades, lo cierto es que un elemento que toca a todas estas naciones es el alto nivel de desempleo en jóvenes. Hay que reconocer que uno de los eslabones más débiles de la lenta y volátil recuperación económica ha sido la dificultad de los países, en especial los desarrollados, en generar empleos y que la población joven ha llevado la peor parte.
Los niveles de desempleo de la población joven en los “países ricos” han llegado a niveles alarmantes, como son los casos de España (41,7%), Irlanda (27,9%), Italia (27,8%), Francia (23,3%), Reino Unido (19,5%) y Estados Unidos (18,4%). Esto los ha convertido en peligrosas bombas de tiempo.
En esos países, existen además 16,7 millones que además de no conseguir empleo, no estudian, ni se están entrenando (NEETS en sus siglas en inglés) por lo que no es de extrañar los crecientes niveles de violencia.
Hace unas semanas estuve en Nueva York y me llamó la atención una gran valla cerca de Times Square en la que se indicaba algo así como: “recién salí de la maestría, sin trabajo, pero aún optimista y con esperanza”. ¿Realidad o estrategia electoral?
Es fácil sentir enojo y frustración cuando se ha trabajado duro, asumiendo incluso deudas y se enfrenta una realidad de pocas o nulas posibilidades de mejora.
Esa fue la historia de Mohamed Bouazizi, pequeño empresario de frutas, quien no pudo canalizar su desesperación cuando las autoridades le quitaron su medio de subsistencia y optó por inmolarse. Ese fue el principio de la revolución en Túnez cuyo efecto dominó sigue provocando cambios en el norte de Africa y Oriente Medio.
En Estados Unidos los niveles de desempleo amenazan la reelección de Barack Obama. La historia muestra que en ese país un presidente difícilmente logra ser reelecto con niveles de desempleo superiores al 8% y esta cifra no ha podido bajar del 9%. Para los votantes jóvenes esperanzados por el mensaje de cambio y el “Yes we can” esto ha sido un balde de agua fría y es poco probable que se conviertan en el motor electoral que fueron hace cuatro años.
Hoy, el nombre del juego de todo gobierno en el mundo es cómo generar más y mejores empleos. La respuesta paradójicamente es sencilla. Los países ganadores serán aquellos con programas agresivos de apoyo a las pequeñas y medianas empresas, que promuevan el emprendedurismo, y capitalicen ese talento humano en innovación.
Simplificación de trámites, acceso al crédito, acompañamiento en capacitación y tecnologías, así como el propiciar los tan esperados encadenamientos, deben ser necesarios puntos de partida. Otro tema fundamental es el tratamiento fiscal, tema muy actual, de cara a las discusiones en el Congreso.
Si queremos recuperar la paz en nuestras calles y dar el salto cualitativo al desarrollo debemos de partir dándole esperanza y herramientas a nuestros jóvenes. La pregunta es: ¿Qué esperamos?

Nuria Marín Raventós