Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

Enviar
Jueves 21 Mayo, 2015


Hoy el periodismo marcha por otros rumbos, sometido a otros criterios y arrastrado a formas en buena medida incompatibles con las reglas deontológicas de la profesión

De cal y de arena

Del periodismo que no volverá

Su nombre, su estilo, su vocación definida por una pasión, con el paso del tiempo impuso una marca, un hito en la construcción del periodismo costarricense. Dueños de su empresa, pudieron imprimirle una línea de conducta libre de contaminantes a los principios fundamentales del periodismo —la búsqueda de la verdad, la independencia y el equilibrio en los contenidos de la información— como los condicionamientos del mercantilismo. Destacadas figuras como José María Pinaud y Otilio Ulate fertilizaron ese surco en que crecería el periodismo escrito de aquellos años. En la onda del periodismo radiofónico necesariamente hay que citar a Enrique Garnier Borella y a Adolfo Herrera García, con un estilo muy propio que innovó el empleo de las ondas hertzianas para la transmisión programada de la noticia. Luego aparece Rolando Angulo Zeledón a fines de la década de los cincuenta con su propia empresa, con otro estilo, con un compromiso muy bien delineado por la información “rápida, resumida y cierta”. Cierta, sí. Pero sin duda, con sujeción estricta a las normas de la veracidad, el equilibrio en los contenidos estructurales de la noticia (lo que mejor se conceptúa dentro del término inglés “fairness”) y la independencia, elementos todos estos definitorios del periodismo de la mejor calidad. Así, su radioperiódico se afianzó en primera línea y con alcance nacional, siempre con rigor ético, inaccesible al tráfico de influencias y al “jamocheo” (término ampliamente conocido entre los periodistas, versión vernácula derivada del how much que alude a esa devastadora epidemia de quienes someten por paga a terceros los contenidos de la noticia, lo que hoy causa estragos). Y algo más, ¿quién puede acusarlo de haber manipulado su radioperiódico para despedazar la honra ajena?
Toda esa muchachada que hoy se ocupó de la partida de Rolando, ¿conocerá estas vertientes de un periodista y empresario que marcó huella en una ruta muy distinta de la profesión?
Hoy el periodismo marcha por otros rumbos, sometido a otros criterios y arrastrado a formas en buena medida incompatibles con las reglas deontológicas de la profesión. Desde que se concibe que el dominio de los medios de comunicación es vital para la imposición de intereses políticos, mercantiles y financieros, a los medios de comunicación “se les está metiendo el agua”.
El periodismo veraz, valiente, independiente, confrontativo, es incompatible con la percepción de la empresa periodística como herramienta para la promoción de los intereses de sus propietarios. En un condicionamiento así es muy difícil hacer periodismo de calidad; el espacio es para el periodismo “light”, ese que no informa y sí deforma, ese que no cultiva el intelecto pero sí emboba y anestesia.
¿Para qué la tecnología de avanzada y los profesionales calificados si el entorno está atenazado por intereses mercantiles y políticos que condicionan la profesión? “Ese periodismo confrontativo y valiente está en peligro de extinción —me dijo una reconocida periodista que terminó renunciando— los periodistas no se atreven y los empresarios no lo quieren”.

Álvaro Madrigal