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Miércoles, 21 de noviembre de 2018



COLUMNISTAS


Del movimiento huelguístico y de protesta nacional

Vladimir de la Cruz [email protected] | Miércoles 27 junio, 2018


Pizarrón

Del movimiento huelguístico y de protesta nacional

El movimiento obrero y sindical del país existe desde el siglo XIX. En aquellos años, en la segunda mitad del siglo XIX, se desarrolló bajo la forma de Sociedades Mutualistas, de Mutuo Auxilio y de Socorros Mutuos, formas de organización policlasistas. A ellas se podían afiliar trabajadores, artesanos y obreros, y en algunas aceptaron estudiantes. Constituían cajas de ahorro voluntario de donde sacaban las ayudas para los trabajadores que las necesitaban.

A partir de 1874 empezaron surgir sociedades de trabajadores, de artesanos y obreros exclusivas de ellos, por ese motivo eran organizaciones clasistas, lo cual fue un reconocimiento también de que la sociedad costarricense estaba diferenciándose en clases sociales y los sectores laborales adquiriendo conciencia de ello.

Con los cambios industriales y de la economía nacionales a finales del siglo XIX y principios del siglo XX desaparecieron esas formas de organización, y empezaron a surgir las ligas de obreros y los sindicatos, tal y como ahora existen.

También, en la segunda mitad del siglo XIX, empezaron a darse huelgas. Quizá la primera, en 1874, entre trabajadores de telégrafos, que por ser públicos, pudiera considerarse también la primera huelga en el sector público nacional.

Con la construcción del ferrocarril desde 1870 hasta 1888, los trabajadores negros, chinos e italianos que trajeron para esa faena desarrollaron luchas y huelgas en defensa de sus contratos de trabajo, sus días feriados y por las condiciones en que eran empleados.

A finales del siglo XIX hubo huelgas en distintas partes del país, incluida una protesta de maestros que defendían su régimen de pensión, amenazado por pasárselo a los militares.

En 1905 se organizó la primera Federación de Trabajadores de San José. Siguieron las de provincias, y en 1913, al impulso del Centro de Estudios Sociales Germinal, se desarrolló la primera Confederación General de Trabajadores, que también convocó a la primera celebración del Primero de Mayo, en 1913, como día Internacional de los Trabajadores.

Hasta 1943 la evolución del movimiento sindical fue de una sola organización sindical, por ello única y unitaria, para todos los trabajadores del país, sin importar si la dirigían, en las distintas épocas, anarquistas, reformistas o comunistas.

Este año, 1943, el movimiento sindical se dividió en dos centrales nacionales, una dirigida por los comunistas, y otra fundada por la Iglesia católica, como parte de la alianza política que se dio, con el fondo de la lucha antinazi de la Segunda Guerra Mundial, y con motivo de las Garantías Sociales y el Código de Trabajo, y de la lucha antifascista, entre comunistas, católicos y gobiernistas.

A partir de ese momento, 1943, el movimiento sindical se mantuvo dividido en dos centrales sindicales. Luego en más, apareciendo otros actores políticos dirigiendo organizaciones sindicales locales y nacionales.

Así entre 1943 y 1990 hubo organizaciones sindicales organizadas y dirigidas, o influidas, por comunistas, socialistas, trotskistas y otras fuerzas revolucionarias de izquierda, socialcristianos, socialdemócratas. Los partidos políticos principales llegaron a tener sus propias organizaciones sindicales.

Muchos de los privilegios que hoy gozan algunos sectores sindicales, especialmente del sector publico, obedecen al interés de los partidos Liberación Nacional, principalmente, y la Unidad Social Cristiana, que desde gobiernos fomentaron las convenciones colectivas en este sector de trabajadores para neutralizar y evitar, hasta donde fuera posible la presencia de sindicatos o de organizaciones laborales dirigidas por la izquierda política nacional. Esta fue la razón de muchos de esos privilegios aprobados por esas convenciones colectivas de trabajo.

Después de 1990, con las crisis interna de los partidos de izquierda, dos de ellos desaparecieron y el otro sufrió una división y un desmembramiento tan grande que afectó su presencia en todas estas organizaciones sociales.

Desde entonces, se puede decir que el movimiento sindical no responde a políticas de partidos de izquierda, como tampoco socialdemócratas o socialcristianas.

La caída del socialismo mundial contribuyó a esta situación.

La dirigencia sindical surgida en medio de esa tormenta de división de la izquierda y desaparición del sistema mundial socialista, es en mucho la que hoy dirige las principales fuerzas sindicales del país.

Las huelgas, conocidas en el país desde 1874, hoy son una expresión de la situación por la cual se siguen movilizando los trabajadores. En la historia nacional ha habido ciclos de intensa lucha huelguística. Hasta hoy también las luchas y huelgas, haciendo excepción de algunas en la década de 1940, no han tenido objetivos políticos de derrocar gobiernos, o hacerlos caer por la intensidad de las huelgas. Lo más próximo a esta situación quizá fueron los días posteriores al 20 de marzo de 2000 hasta que se pactó con el movimiento popular, la desarticulación de las llamadas leyes del Combo del ICE, y el cauce de la lucha popular volvió a su normalidad.

Los movimientos actuales de lucha sindical, y laboral, se inscriben en esta tradición de lucha por la defensa de los intereses económico sociales de los trabajadores, que son parte de la historia nacional, y que todos los gobiernos, de una u otra manera tienen que enfrentar, y lidiar con ellos.

A estos se suman hoy sectores populares, más allá de los mismos sindicatos, que establecen sus propias demandas y agendas de discusión con los gobiernos.

La lucha social en Costa Rica, en este sentido, no alcanza los niveles de Venezuela o de Nicaragua en estos momentos, tal vez en esos países, por motivos más políticos, pero también mezclados, como en el caso de Nicaragua, con aspectos sociales que el Gobierno nicaragüense quiso alterar, y disminuir.

El Gobierno de la República y los líderes sindicales tienen distintos niveles de reunión y de encuentros, de discusión de los problemas sindicales y nacionales. Hemos oído en estos días de la existencia de esas reuniones, que seguirá habiéndolas. NI unos ni otros pueden renunciar a ellas. Solo en ellas se pueden alcanzar acuerdos que puedan resolver los distintos problemas que se tienen planteados en el Gobierno como en los movimientos sociales y sindicales. Los partidos políticos parlamentarios hasta ahora están al margen de este proceso y de estas conversaciones.

Todavía le quedan al Gobierno más de tres años y medio en el poder. Queda mucho tiempo real para que estos movimientos se puedan reproducir.

A esto suman los movimientos que desde las comunidades en todo el territorio nacional se dan por distintos motivos. ¿Debemos acostumbrarnos a vivir en este estado de lucha social? Lo más difícil hasta ahora ha sido para todos los sectores involucrados llegar a un acuerdo satisfactorio que permita concentrar todo el interés político, social y humano en la solución de los grandes problemas estructurales del país, de su gobernabilidad y administración, de la calidad de vida y laboral de los costarricense, que conduzca a resolver los problemas de miseria extrema y pobreza y de inequidad social y de inequidad regional.