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Del coraje a la reflexión

Gineth Soto: “Lloré y me dio rabia, pero comprendí que para volver a intentarlo, necesito estar viva…”

Luis Rojas
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Gineth Soto se levantó temprano. Era el 21 de mayo pasado. Solo faltaba un día y medio para que ella alcanzara su sueño de posarse sobre la cima del Monte Everest; la que tenía al frente, tan solo a unas 36 horas.
Soto inició la escalada hacia el campamento #3, pero de camino se estrelló contra la realidad. Entonces, un fuerte dolor en sus costillas y los constantes ataques de tos le presagiaron lo peor.
“Sentí que mis costillas se iban a quebrar cada vez que tosía, vomité un poco mientras trataba de no respirar profundo, porque sentía que las costillas se incrustaban en mi piel.
Así fue que empezó el día 45 de la aventura de la costarricense Gineth Soto, en su intento por escalar hasta la cima del Monte Everest.
Ese día y en ese punto, ella estaba al borde de que se le rompieran las costillas y de tener que ser rescatada.
Namgyal, uno de los sherpas que acompañaban la expedición se lo dijo en pocas palabras: “la vida es más importante que la cima” y la costarricense entendió que, al menos por esa ocasión, su aventura había terminado.
“Es difícil tener que renunciar a algo que se quiere con toda el alma, pero pensé en mi familia y en la promesa que les había hecho de que regresaría a casa viva, y que confiaran en mis decisiones.
“Entonces lo dije: ‘no voy a subir’ y rompí a llorar, recuerdo que solo pude alzar la vista y ver a la lejanía, lo que en ese momento estaba tan cerca y tan lejos y que, al menos por ahora, sería un imposible”.
Soto lloró entre sus amigos sherpas que comprendían y respetaban aquel momento, mientras trataban de animarla diciéndole que la
vida da revanchas y que ella, de una forma u otra, más tarde que temprano, estaría en la cima del Everest.
“Sinceramente les digo que el dolor en mi alma fue inmenso. Había mucha gente esperando una llamada de que sí pude, el Banco Nacional que me dio todo su apoyo, mi familia, mis amigos y ahora tenía que decirles que no.
“¿Qué me quedó ?… bajar la cabeza y empezar a descender. En la vida no siempre salen las cosas como las quieres, y esta fue una de esas”.
Gineth había subestimado, por desconocimiento, la famosa “tos de Khumbu” y sin darse cuenta esta la dejó fuera.
“Me dio coraje; rabia, mucha rabia, pero después entendí una cosa; solo existe un requisito principal para volver a intentarlo: estar viva, porque la montaña va a estar ahí por siempre”.
En la radio el ‘cima, cima, logramos la cima’ de sus compañeros de expedición provocó en la tica un contraste extraño. Alegría por sus compañeros y tristeza por no haber estado con ellos.
Soto fue muy dura con ella misma y sus amigos sherpas se lo hicieron ver, porque no es cualquiera que asciende 7.100 metros por la llamada ruta del Nepal, considerada la más difícil.
“La altura nunca me dio problemas gracia a Dios y es una buena señal para el futuro. He perdido como 15 libras de peso y más que t
odo músculo”, dijo la escaladora, añadiendo que la radio luego informó que estaban rescatando a dos personas y esa noche, un suizo perdió la vida en la montaña. La decisión que había tomado fue la correcta.
El suizo había logrado la cima, pero murió en la zona de la muerte en el campamento #4, al bajar, al parecer por un edema cerebral.
Sobre el trato que le dieron en el grupo, al ser la única mujer, expresó que “fue un poco machista y duro de aguantar; un compañero (Rafael) y yo éramos los que siempre estábamos fuera del equipo. No sé, algunos hombres toman esta actitud en la montaña contra las mujeres que están escalando con ellos, pero es la dura realidad para la mujer escaladora, no solo en el Everest, sino en cualquier parte; quizá algunos se sienten intimidados porque una mujer pueda hacer lo mismo que ellos”.
Sobre lo que contaron quienes escalaron, Soto dijo que ellos vieron al suizo antes de morir en problemas en el escalón de Hillary y a las dos otras personas que fueron rescatadas. También divisaron cuerpos de escaladores que han muerto antes y estaban visibles en la ruta. Partes de huesos de personas muertas que el hielo conserva.
En resumen Gineth cuenta que entre lo real y lo esperado, la cascada de Khumbu fue más dura y enorme de lo que imaginaba. Las grietas y escaleras eran hondas y muchas. El calor del valle del silencio fue más de lo que tenía pensado y la caminata al campamento base, como lo suponía, no era nada del otro mundo.
“Sabía que la ruta iba a ser increíblemente mística, bella y así fue… El 2008 fue mi primer intento al Monte Everest, pero estoy segura que no será el último”.


Lo que cambiaría

Consultada Gineth Soto sobre que ya conociendo el Everest, si volviese el tiempo atrás qué cambiaría, contestó:
1- Cambiaría la compañía que hizo la expedición; al líder principalmente.

2- Si hubiera tenido la información de la máscara que inventaron para prevenir la tos del Khumbu la habría comprado y usado.

3- Si hubiera tenido un líder responsable de inmediato él me hubiese hecho bajar el primer día y se habría prevenido el daño.

5- Si hubiera sabido que iba a pasar hambre en los campamentos altos por falta de comida yo misma hubiera llevado comida extra para el empuje de la cima.

6- Aun así, lo que no cambiaría es esta experiencia maravillosa jamás. Ahora sé lo que significa subir el Monte Everest; qué funciona y qué no.



Respuestas rápidas

Comida: Durante el día, gel de energías, confites y maní, y en el campamento base pastas, arroz, muchas papas y sopas.

Conflicto político: Cuando subieron la antorcha a la cima por el Tíbet no se podían usar cámaras de vídeo, teléfonos satélites, sacar banderas, ni tomar fotos, y los oficiales nepaleses tenían la orden de disparar a quien hiciera cualquier tipo de protesta.

Tu cumbre más parecida al Everest: De todas las montañas que he subido creo sinceramente que la única que te ayuda un poco para Everest es Denali, en Alaska, por sus grietas y su glacial, entre otras cosas.


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