Pedro Oller

Pedro Oller

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Martes 14 Enero, 2014

Los debates entre los candidatos a la Presidencia de la República han sido una oportunidad bienvenida para formar opinión


Debates

Nos cuenta la historia que el debate, como un intercambio de ideas y posiciones de forma pública y razonada, tomó relevancia política en la antigua Grecia. “Los debates son el oxígeno que le urge a una democracia sometida a fuertes presiones de los intereses, la violencia, el desencanto de una parte considerable de la sociedad y la pérdida de prestigio de las instituciones”. Esta cita corresponde a Manuel Camacho, coordinador del Diálogo para la Reconstrucción de México a propósito de las últimas elecciones en aquel país. Así aplique perfectamente también para nuestra realidad.
Hay que decir que los debates entre los candidatos a la Presidencia de la República han sido una oportunidad bienvenida para formar opinión. Cambio una plaza pública, dos anuncios televisivos, cuatro vallas y seis cuñas de radio por cualquiera de los foros organizados.
Claro que han tenido sus bemoles, especialmente en la superficialidad que las limitaciones de tiempo conlleva. Es absurdo pretender que se pueda abordar cualquier tema en escasos 60 segundos. Mucho menos en un escenario conglomerado por 13 políticos que quieren lucirse o darse a conocer. Ni que decir si como en el caso de los organizados por el TSE, impera un ambiente de redondel de toros con gritos y porras incluidos.
Sin embargo, y lejos de las ácidas críticas en redes sociales, lo cierto es que —especialmente en el foro organizado por Canal 9 y que tuvo lugar el domingo—los debates han despertado el interés de los electores y han fomentado la opinión crítica.
Además de la presentación de los candidatos en pantalla, hay también un interesante intercambio de posiciones e interpretaciones respecto del desempeño en las redes sociales y eso estoy seguro que terminará siendo relevante. Las campañas del Presidente Obama demostraron que las redes promueven (i) la movilización de los electores, (ii) la relación de electores con intereses compartidos, (iii) la atención de preguntas o sugerencias de partidarios por parte de la campaña, (iv) el incremento de las contribuciones políticas y, por último (v) generar entusiasmo en la política.
Concluyo con dos ideas: La primera es lo provechoso que sería para nuestra institucionalidad democrática el debate como mecanismo para definir las metas que como país debemos fijarnos.
El foro natural para que esto ocurra es, lógicamente, la Asamblea Legislativa, pero la realidad actual demuestra algo distinto por lo que debemos pensar en alternativas.
Es así donde surge una segunda idea y es retomar los cabildos abiertos coloniales para debatir y decidir en comunidad sobre asuntos que por su escala tengan efectos inmediatos, o que permitan más adelante formar acuerdos tendientes a la definición de una agenda nacional.
Cicerón, a quien muchos consideran la mente más ilustrada de la antigua Roma, escribía: “(El Estado ideal) es aquel en el que los mejores buscan la gloria y el honor y evitan la ignominia y el descrédito, y si no hacen el mal no es tanto por miedo a los castigos que imponen las leyes como por la vergüenza que ha dado el hombre a la naturaleza y que nos hace temer la crítica justificada”. Y con eso, se termina de validar el debate.

Pedro Oller