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DEBATE: ¿Restricción crediticia o baja demanda?

Natasha Cambronero
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Juan María González
Presidente de la Cámara de Industrias

Riesgo inminente


“Los bancos consideraron a los sectores productivos de modo generalizado como en riesgo inminente y el crédito productivo se vio directamente afectado”





En Costa Rica, como en todo el mundo, se ha producido una efectiva restricción crediticia tras los acontecimientos internacionales de agosto-setiembre de 2008 que condujeron a una crisis de confianza en el sector financiero.
Aunque la causa original se halla en la incentivada colateralización del riesgo de las hipotecas “subprime”, la subsiguiente entrada en graves problemas de instituciones financieras y bancos norteamericanos implicados directa o indirectamente y la desafortunada actuación de las autoridades de ese país, generalizaron la desconfianza, hicieron caer las bolsas en todo el mundo y acentuaron el desplome de la demanda de muchos productos y del comercio internacional —ya afectado por los altos precios del petróleo y las materias primas—, repercutiendo en el cierre de empresas y el crecimiento del desempleo.
Costa Rica, como economía abierta muy dependiente del comercio con mercados internacionales, no podía quedar exenta de la contracción de la demanda de productos, lo que no iba a tardar en apreciarse en las cifras de exportación.
Los bancos consideraron a los sectores productivos de modo generalizado como en riesgo inminente —no fue así para el sector consumidor de bienes— y el crédito productivo se vio afectado bajo diferentes argumentaciones más o menos fundadas.
Lo cierto es que se produjo un endurecimiento de condiciones unido a un encarecimiento del crédito, bajo esquemas ya de por sí rígidos.
Mientras las tasas de interés de referencia internacional para préstamos bajan, en Costa Rica las tasas efectivas más bien suben.
Los bancos obtienen singulares rentabilidades con altos niveles de liquidez, pero se ha hecho más difícil en la práctica obtener o renovar un crédito a igualdad de riesgo.
Las cuestiones que cabe plantearse aquí —como en otros países— son: ¿es eso sostenible? y ¿ayudan los esquemas de regulación actuales a la economía real a salir adelante o por el contrario contribuyen a profundizar la crisis? La respuesta negativa a ambas preguntas obliga a reconsiderar la regulación actual, diseñada para otras circunstancias.



Mario Rivera
Gerente general del Banco de Costa Rica

Sin vedas


“Pese a las posibilidades sí se observa durante el primer trimestre de 2009 una disminución importante en la demanda de crédito, si lo comparamos con 2008”





Desde principios de años, no existe restricción crediticia por parte de los bancos del Estado.
El 2008 fue un año especialmente complejo para las economías mundiales, y con ello se vieron afectados el estilo de vida y las expectativas de los ciudadanos.
La llamada crisis financiera ha provocado alrededor del mundo, entre otras cosas, la quiebra de empresas, el incremento del desempleo, poca liquidez y una gran desconfianza en las bolsas.
Durante el último trimestre de 2008, los bancos del Estado tuvieron que dosificar el otorgamiento de créditos en cumplimiento de los límites de suficiencia patrimonial que establece la Superintendencia General de Entidades Financieras (SUGEF). Sin embargo, desde principios del presente año y después de la capitalización llevada a cabo por el Gobierno de la República, no existe ninguna restricción crediticia.
Pese a todas las posibilidades, se observa durante el primer trimestre de 2009 una disminución importante en la demanda de crédito, si lo comparamos con el mismo periodo de 2008. Esta situación se presenta tanto en las personas físicas como jurídicas, relacionada probablemente por la cautela que tienen los ciudadanos de asumir deudas en tiempos de crisis.
En el caso particular del BCR los créditos están abiertos para todas las actividades. Por ejemplo, para 2009 el Banco destinó más de ¢100 mil millones para créditos de vivienda, de forma tal que aproximadamente 6 mil familias puedan construir o comprar una casa.
Para los sectores empresariales y productivos se destinaron más de ¢300 mil millones; tomando en cuenta los ¢276 mil millones provenientes de la capitalización bancaria y beneficiando a las actividades industriales, agrícolas, de comercio, transporte, servicios, entre otros.
Adicionalmente, durante el primer trimestre de 2009 se generaron reducciones importantes en las tasas de interés de la mayoría de sus líneas de crédito y se desarrolló un nuevo crédito de vivienda con una tasa muy competitiva y una tasa techo por un año.
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