Pedro Oller

Pedro Oller

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Martes 13 Septiembre, 2016

Es más importante valorar el esfuerzo que despliega un Otto diezmado y mal acompañado, para combatir la odiosa pero fácil imposición de más impuestos para todos

De William Walker a Otto Guevara

Pienso que han pesado más en el consciente colectivo de las redes sociales unas bolsas de Meneítos que el ejercicio parlamentario de Otto Guevara. Me puedo equivocar, seguramente con razón.

¿Cuál es el reclamo? Que Guevara dedique cientos de horas a bloquear el impuesto a las sociedades. ¿Cómo? Con mociones que, reglamentariamente, don Otto puede justificar hasta por cinco minutos con una intervención parlamentaria y que son acumulables. Todo dentro del marco de la legalidad.
¿Entonces? Hay quienes no entienden. Hay quienes reclaman. Hay quienes manipulan. Todo alrededor de que don Otto recurra a la vía del subterfugio normativo para bloquear una propuesta que entiende no es conveniente para Costa Rica. Que entiende no es conveniente para sus electores. Entendido de lo propuesto, dogmáticamente, también está claro que no debe aprobarse.
No obstante hay quienes en general, ejercen un derecho de opinión ligero. Ese que opina, solo porque el impuesto va dirigido a la seguridad, que debe aprobarse sin peros.
A Otto, endilgarle culpas resulta un ejercicio absurdo. En la misma medida en que sus reiterados ejercicios presidencialistas han sido un fracaso, también culparle de cualquier fracaso parlamentario es un absurdo. En Cuesta de Moras, juega como Bryan Ruiz en Linafa.
Su discurso ha sido consecuente desde finales de los 90 en que ocupó por vez primera una curul: Hay que proteger el bolsillo de los costarricenses de la voracidad de un Estado que solo se entiende vivo a partir de más impuestos.
Desde siempre, lo que Otto practica en la Asamblea Legislativa se ha dado a conocer universalmente por el anglicismo como filibusterismo parlamentario. Porque está solo (primera vez), o casi solo (hoy).
Podemos criticar la práctica pero debemos entender que está constitucionalmente garantizada. Podemos divergir de la ideología, pero hay que reconocer que Otto se ha mantenido fiel a sus principios que son, los fundacionales de su partido.
Podemos elucubrar a partir de un paquete de regalo, especialmente si viene acompañado de quien en estas mismas páginas tuvo esta perla: “yo soy un empresario, puedo agarrar mis maletas e ir a invertir a otro lado, a mí nada me sostiene en Costa Rica”. Solo por eso, podemos dudar.
No se vale criticar a Otto por quien le regala chatarra. Eso es rebajarlo a un campo en el que intelectualmente y por principios partidarios nunca se ha arrastrado.
Por el contrario, es más importante valorar el esfuerzo que despliega un Otto diezmado y mal acompañado, para combatir la odiosa pero fácil imposición de más impuestos para todos.
En el caso en particular, tomando en consideración la pluralidad de sociedades anónimas en el país, frente a la población, su escaso desarrollo mercantil y su función como salvaguarda patrimonial, yo estoy con Otto.
Hay que decantarse. Escoger si aceptamos la imposición de leyes de cualquier índole, en este caso tributarias que tienen una afectación mucho más allá de Pavas. O, si por el contrario, fomentamos la debida discusión, deliberación, berreo, obstrucción previo a la coacción parlamentaria y del consciente colectivo en redes sociales.
Otto le hace bien a la democracia costarricense. Ningún William Walker.