Claudia Barrionuevo

Claudia Barrionuevo

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Lunes 23 Marzo, 2015

Cuando los casi 3 millones que vivimos en la GAM intentemos huir de ella, se oficializará la condición de “gran parqueo” que ya ostenta el Valle Central


De volcanes

A mí me resulta muy exótico vivir en un pequeñísimo país repleto de volcanes activos.
No vivía en Costa Rica durante las erupciones del Irazú de 1963 a 1965, pero escuché todas las historias de quienes vivieron aquellos años y viví en un apartamento donde aún había ceniza sobre el cielo raso décadas después.
Me encanta el Arenal y he admirado su actividad desde todos los puntos posibles. Esos fuegos no artificiales sino naturales son alucinantes más aún si es de noche y los acompaña ese sonido inquietante.
Desde hace ocho años el Turrialba inició una fase cada vez más activa y en las últimas semanas su presencia ha impactado particularmente a los vecinos de la zona, pero también se ha hecho sentir entre los habitantes del Valle Central.
El aeropuerto tuvo que cancelar varios vuelos, los que tienen problemas respiratorios han sufrido crisis, las mascotas requieren cuidados especiales y las calles, casas y automóviles debe ser limpiadas con otros protocolos.
Y aunque yo misma he debido soportar algunas leves consecuencias de la lluvia de cenizas del volcán, y me solidarizo con los habitantes de la zona, esperando que sus animales y cultivos no sufran mayores consecuencias, sigo percibiendo la cercanía de la erupción como algo exótico.
Aunque los geólogos de nuestro país tienen bastantes eventos anuales de los que ocuparse, cada vez que sucede alguno a estos expertos les brillan los ojos de la emoción mientras comparten sus conocimientos y expresan su opinión.
Existen dos instituciones oficiales que los reúnen: la Red Sismológica Nacional (RSN) de la Universidad de Costa Rica y el ICE y el Observatorio Vulcanológico y Sismológico de Costa Rica (Ovsicori) de la Universidad Nacional. Sin embargo a veces no parecen estar de acuerdo, no tanto con los sucesos sino con la información que debe ser transmitida a la población.
Los conflictos del gremio son perceptibles y a veces no sabemos quiénes son alarmistas y cuáles pecan de tranquilos.
Espero que se pongan de acuerdo antes de que la lava empiece a salir del cráter del Turrialba para que nos avisen con tiempo. Así podríamos huir hacia las costas.
Hacia el Atlántico no por la ruta Cartago-Turrialba sino por la 32. Pero si a la neblina y los derrumbes propios de esa carretera ¿le sumamos la ceniza? No. Será hacia el Pacífico.
¿Sur? Tal vez. No por San Isidro hacia Dominical. No solo por la cercanía del volcán: se trata de otra carretera con difícil visibilidad, además de sinuosa.
Por suerte hay tres rutas para huir al Pacífico: la Interamericana, el Aguacate y la 27… derrumbes, curvas, poca visibilidad. No debemos preocuparnos. Las opciones son múltiples. Por algún lado lograremos escapar. ¡Sí, cómo no!
Cuando los casi 3 millones que vivimos en la Gran Área Metropolitana intentemos huir de ella, se oficializará la condición de “gran parqueo” que ya ostenta el Valle Central. Pompeya será olvidada y todos nosotros, petrificados en un millón y medio de vehículos, seremos la atracción turística de una futura Centroamérica.

Claudia Barrionuevo

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