Humberto Pacheco

Humberto Pacheco

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Martes 8 Mayo, 2012


TROTANDO MUNDOS
De Torpeza, Corrupción y Cámaras


Gracias a doña Amalia Chaverri por llamar la atención de los señores de Hyndai por su torpe anuncio automovilístico. En cualquier otro país éste podría pasar desapercibido, pero en el nuestro un “Quítate ya”, aplicado a un automóvil, es un himno de guerra para los energúmenos del volante, que ya son muchos y suficientemente descorteses.
Un nuevo lío en la planilla del Gobierno nos hizo agarrarnos incrédulos la cabeza. La grave situación que enfrenta el país se vuelve surrealista y un sentimiento de impotencia se apodera de la gente. Los censos lo reflejan. Al reflexionar, vemos el doble estándar que en materia de corrupción en la construcción y arreglo de calles y carreteras se vive en este país. Mientras que el pataleo de virilidad nacional que es la Carretera 1856 provoca una crisis ministerial escandalosa, las diarias millonarias pérdidas en reparaciones o reconstrucciones que no empatan, no aguantan, tienen mala superficie y se lavan con un aguacero —sí señores, se lavan— no parecen preocupar a nadie. Habrá que estar atentos a ver sí este último incidente se queda en ese par de mandos medios, o sí llevan a los tribunales a quienes pagaron, que tan corrupto es el que pide como el que paga como el que perdona cuando debe procesar. Lo que es de la chapea más cara de la historia, nunca se volvió a saber nada. Mientras tanto, lo que predijimos está sucediendo: la 1856 ya se está desintegrando por falta de mantenimiento.
Nos apena mucho que el importante proyecto de cámaras en carreteras se haya quedado en nada, y que su intento de arrancar —como varios emprendimientos de este Gobierno en su afán de reinventar la rueda— hubiera estado plagado de equivocaciones. En algunos países europeos las cámaras cumplen dos funciones valiosas: prevenir la imprudencia en las carreteras y allegar recursos al fisco. En el poco tiempo en que aquí funcionaron quedó claramente demostrado su potencial en ambos rubros.
En tanto al primero, el efecto de una cámara es más poderoso que el de un inspector porque el automovilista sabe que el aparato mecánico no baja la guardia ni un instante y es implacable. De ahí que se cuida de no caer y, aunque no sea por responsabilidad ciudadana, contribuye a mejorar la seguridad en carretera. En tanto a lo segundo, tiene la virtud de ser una selección natural muy interesante, por que castiga a los que ponen en riesgo su vida y las de los demás. En lo que sí falla es en detectar los chóferes ebrios, pero para eso están los tráficos vivos.
Un beneficio adicional es que se reducen las chizas, liberando además a los inspectores para que cuiden escuelas, desenreden presas urbanas y controlen borrachos y telefonistas en misiones supervisadas por el OIJ.
Adicionalmente, la idea de condonar los primeros kilómetros de exceso está bien concebida porque eleva los ridículos e inoperantes límites de velocidad que nos tiene impuestos la Ingeniería de Tránsito, que no producen otro efecto que el de que nadie los respete, a velocidades realistas.
¿Cuándo van a resucitarlas, esta vez bajo un bien concebido plan?

Lic. Humberto Pacheco A., M.C.L.
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