Juan Manuel Villasuso

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Martes 27 Enero, 2009


Dialéctica
De regreso en Wall Street

Juan Manuel Villasuso

Ha pasado casi un mes desde el inicio del año y las cosas no han cambiado mucho en Wall Street . El Dow Jones sigue errático, el precio de las acciones de empresas emblemáticas sigue reduciéndose, los detalles del Plan de Estímulo de Obama no se conocen y los inversionistas miran al futuro con desconcierto.

Richard regresó a sus labores de corredor de la Bolsa de Valores de Nueva York y comparte con los compañeros las predicciones sobre lo que sucederá en las siguientes horas y días. Sobre el largo plazo, todos confían en la recuperación, pero las opiniones difieren sobre lo que le ocurrirá con tales o cuales acciones, si ya se tocó fondo, y cuánto tiempo tomará la reactivación.
Asimismo participa con los otros bolsistas, como diversión pero también para aliviar la desazón que les ha producido el llamado “Informe beige” del Banco de Reserva Federal, en medirse el dedo anular para ver quién lo tiene más largo.



Parece asunto de broma, pero un estudio dirigido por John Coates, de la Universidad de Cambridge y publicado en el Proceedings of the National Academy of Sciences, indica que los corredores de bolsa que estuvieron expuestos a altos niveles de testosterona antes del nacimiento, eran los que más dinero ganaban. Y como un elevado nivel de esa hormona durante el embarazo contribuye a que el dedo anular sea más estirado, entonces es cuestión de revisarse la extremidad prensil para determinar la ventura de cada uno.

El Informe beige de la Fed, dado a conocer el 15 de enero, dejó a Richard y a sus colegas aturdidos. Se comprobaba que la economía continuaba debilitándose; que las ventas minoristas se reducían a pesar de los descuentos de los grandes almacenes; que la actividad manufacturera seguía contrayéndose y lo mismo sucedía con los servicios; la construcción y el mercado de bienes raíces mantenían su declive; la banca no superaba los problemas, a pesar del apoyo gubernamental; y el crédito permanecía frenado. Todo esto se reflejaba en un desempleo creciente, que aumentó en 2,6 millones de personas en 2008.

Lo único positivo en este dramático escenario era la reducción del precio del petróleo y la disminución de la inflación. A mediados del año anterior ningún analista hubiera apostado por una caída en el valor de los combustibles y de los productos agrícolas. Se hablaba de la doble crisis, la energética y la alimentaria; y se vaticinaba que continuarían por bastante tiempo. Pero los pronósticos resultaron equivocados. Ahora los hidrocarburos se venden a precios tres y cuatro veces inferiores a los de hace seis meses; y los cereales, aceites y lácteos se cotizan más baratos.

Todos estos cambios inesperados en los mercados y sus efectos en las empresas y las personas han hecho que Richard recuerde lo que se cuestionó a fin de año: ¿será cierto que la globalización, la desregulación y las políticas de liberalización han modificado la naturaleza del sistema capitalista y ahora vivimos en una economía de casino?

Sin duda el sector financiero crece a ritmos mayores que la producción de bienes y servicios y se observa una disociación y autonomización de los mercados financieros y bursátiles respecto a la economía productiva, pero ¿significa eso que los fundamentos de la economía se han modificado y que la especulación y las burbujas signarán un futuro impredecible que hace perder relevancia al análisis económico tradicional?

Definitivamente tendré que sacar el rato para reflexionar sobre este asunto, pensó Richard mientras se miraba el dedo anular.