Vladimir de la Cruz

Vladimir de la Cruz

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Miércoles 14 Marzo, 2018

Pizarrón

De las coaliciones electorales y las adherencias personales

Las coaliciones electorales, que son la suma de varios partidos políticos en una nueva organización, que sustituye a los partidos sin perder cada uno de ellos su identidad, durante el proceso electoral, han funcionado en las elecciones de 1966, cuando fue electo José Joaquín Trejos Fernández, la Unificación Nacional, y en 1978, cuando fue electo Rodrigo Carazo Odio, con la UNIDAD, situaciones en las cuales los grupos opositores se unieron para enfrentar y derrotar a los candidatos liberacionistas, en esas elecciones, Daniel Oduber Quirós y Luis Alberto Monge Álvarez. En todos estos casos las coaliciones fueron victoriosas en su resultado contra el Partido Liberación Nacional. En las elecciones de 1982, de nuevo funcionó la coalición UNIDAD, que postuló a Rafael Ángel Calderón Fournier en su primera aspiración presidencial.

De la coalición electoral contra Luis Alberto Monge Álvarez, en 1978 y en 1982, se pasó a la fusión de los partidos que la constituyeron, en 1983, que hizo desaparecer a los partidos que se coaligaron e hizo surgir al Partido Unidad Social Cristiana.



Junto a estas coaliciones la izquierda nacional, constituida por los partidos Vanguardia Popular, el Socialista Costarricense y de los Trabajadores constituyeron la coalición Pueblo Unido, en las elecciones de 1978. Pueblo Unido siguió como coalición en las elecciones de 1982, 1986 y 1990. En las elecciones de 1994 y de 1998 no hubo coaliciones políticas. En la elección de 2002 de nuevo, una parte de la izquierda política nacional, se presentó en coalición con Cambio 2000 y en las elecciones de 2006 de nuevo con Izquierda Unida. En las elecciones de 2010, 2014 y 2018 no se presentaron coaliciones electorales.

En las elecciones de segunda ronda, en 2002, en 2014 y en este momento, 2018, los partidos que llegaron a la segunda ronda, partidos Liberación Nacional y Unidad Social Cristiana, en las elecciones de 2002, Liberación Nacional y Acción Ciudadana en 2014 y Restauración Nacional y Acción Ciudadana en 2018, eran partidos únicos, no eran coaliciones, por lo que a las segundas rondas no se han presentado coaliciones electorales.

En la práctica de las segundas rondas sucede que los partidos políticos que no participan en ellas, quedan relegados del proceso electoral en toda su dimensión.

En las segundas rondas de 2002 y 2014 de hecho los partidos que fueron a esta segunda elección se presentaron solos, por sí mismos. Se presentaron como únicas opciones ante todo el electorado, el propio que ya habían tenido en las elecciones de febrero, y como únicas alternativas para el resto del electorado, que forzadamente se veía obligado a votar por una de esas alternativas.

Para esas segundas rondas ningún partido, de los que no participaron en estas, llamó a votar por una de las opciones que se presentaban. Ni siquiera sus comités políticos, sus dirigentes principales, ni sus candidatos presidenciales llamaron a votar por alguna de las opciones que se presentaban en estas segundas rondas. Los ciudadanos en conciencia votaron por la opción que les pareció mejor o la que consideraron que era menos mala. En ambos casos presionó en la conciencia del elector el voto contra el Partido Liberación Nacional y sus candidatos presidenciales.

En esta elección de 2018 no están de finalistas, en la segunda ronda, los partidos Liberación Nacional ni la Unidad Social Cristiana, que eran la imagen clásica del bipartidismo tradicional. Están Restauración Nacional, de identificación política evangélica, de tradición cristiana no católica. No tiene identificación alguna con ninguna doctrina política clásica, y Acción Ciudadana, que carece de igual manera de una desvinculación con doctrinas políticas clásicas. Ninguno de los dos, por esta razón, se les vincula con la izquierda política o la derecha política en identificación doctrinaria. Son partidos insaboros, incoloros, e inodoros doctrinariamente.

En el caso de Acción Ciudadana, es un partido que está gobernando desde 2014, y arrastra a esta segunda ronda esa condición, de ser partido gobernante con ánimo de reelegirse en el ejercicio del gobierno. La imagen negativa que tiene es la del Gobierno, la de tener encima todos los ojos y la crítica de todos los partidos que participaron en las elecciones de febrero, que los querían desplazar del Gobierno, por lo que fue el receptor de la mayor crítica electoral, aparte de la que se hizo contra Liberación Nacional, y un poco contra la Unidad Social Cristiana, por lo que históricamente han representado.

La segunda ronda, en la forma que se presentó, con los partidos políticos finalistas, fue inesperada, sorpresiva, insospechada, y una bofetada en la cara a toda la sociedad política nacional y a la misma Iglesia católica.

Era probable la posibilidad de que Acción Ciudadana por ser partido gobernante formara parte del batallón delantero con opción de ir a la segunda ronda, pero era una opción relativamente lejana. Menos probable era que Restauración Nacional llegara a ser finalista. Sin embargo, la forma como evolucionó la discusión política, de los temas principales que se agitaron en las últimas semanas, especialmente las de enero, hizo saltar a Restauración Nacional al primer lugar y de acomodo forzado a Acción Ciudadana, los que terminaron llenando el campo de atracción de los votantes de la segunda ronda, el 1° de abril.

Por ello, también de manera forzada se han planteado, para esta segunda ronda, las posibilidades de ver quiénes apoyan a unos u otros, quiénes a Restauración Nacional y quiénes a Acción Ciudadana.

En Costa Rica no tenemos tampoco cultura política desarrollada para entender los procesos electorales como escenarios de fuerzas de izquierda, centro o derecha, por los programas políticos, por los temas que se discuten, por el modelo de gobierno que se quiete impulsar. Todavía la sociedad costarricense es altamente prejuiciosa respecto a estas definiciones, sobre todo las de aceptar posiciones que se consideren de izquierda.

Así las cosas, lo que se ha venido discutiendo en público y tras bambalinas, en tono de izquierda o derecha, es si se está a favor de Derechos Humanos, con todo lo que ello contiene, o si se está en contra de ellos, por las expresiones fanático religiosas conservadoras que agita Restauración Nacional. Y con preocupación, para algunos sectores políticos empresariales, quienes estarán detrás de los equipos económicos de gobiernos, porque detrás de ellos también se pueden apreciar esos rasgos de derecha o de izquierda del desarrollo nacional, sin que así sea en la realidad política.

En la elección de febrero el programa de gobierno de Restauración Nacional era más afín a los intereses de los planes de Gobierno de Liberación Nacional y de la Unidad Social Cristiana, que de estos dos partidos con Acción Ciudadana. De allí también el giro que ha tomado, en estos días, el apoyo de los grupos económicos de estos dos partidos al partido Restauración Ciudadana.

Los apoyos que se han dado a los partidos Restauración Ciudadana, como a Acción Ciudadana, por parte de algunas personalidades de los partidos Liberación Nacional y la Unidad Social Cristiana, tan solo son eso por ahora, apoyos personales de quienes se han ligado a esos proyectos electorales para el 1° de abril. No son apoyos partidarios, de partidos políticos. No son apoyos que resulten de una maduración de ideas en el interior de los partidos de por qué conviene apoyar a uno u otro.

Son, obviamente, el resultado de una maduración política de ideas de las personas que así lo han decidido. No se pueden considerar adherencias partidarias a Restauración Nacional o a Acción Ciudadana. Son simplemente adherencias personales a los candidatos que están para la elección final. Como adherencias personales se pueden aquilatar cada una de ellas, o en su conjunto. Así se aprecian también para los efectos electorales, de propaganda e imagen electoral, de tratar de impactar con esas adherencias cuál es el mejor proyecto político para la segunda ronda.

Como adherencias personales la mayoría es de personajes relativamente pasivos en el actuar político nacional de los últimos años. Pocos son de relieve activista político y electoral reciente. En la suma y resta de ellos, a favor de Restauración Nacional unos pocos, no llegan a seis, destacados liberacionistas que tiene sonido nacional. El resto que se sumó no se siente aún. De los que de la Unidad Social Cristiana le llegaron a Restauración Nacional se podría decir lo mismo, menos aquí resaltan que los de Liberación Nacional. Pero, los que le llegan a Carlos Alvarado y a Acción Ciudadana de Liberación Nacional tienen un peso igual en lo económico y mayor en lo político que los que se adhirieron a Fabricio Alvarado. De los que le llegaron a Carlos Alvarado, al momento de escribir esta nota, de la Unidad Social Cristiana, tienen mayor peso político e impacto nacional. Solo la adherencia pública de Rodolfo Piza, y la que siguió de Jorge Guardia, supera a todos los que se fueron con Fabricio Alvarado. Rodolfo Piza ha sido el símbolo de la Unidad Social Cristiana en las últimas dos campañas electorales nacionales. Las declaraciones débiles pero claras de José María Figueres en contra de los gobiernos que mezclan religión y política son contundentes y claras para quien sabe entender y comprender no solo las palabras, sino los mensajes.

El futuro del país, en esta elección, no está solo en la visión económica de los próximos cuatro años, ni en el inmediatismo económico de los próximos meses. El futuro del país hay que comprenderlo con visión más profunda, más amplia, de más perspectiva, de manera más integral, y no solo de economía o de los problemas económicos del país, que son importantes. Tan importante como ellos son los problemas relacionados con lo social, con los Derechos Humanos, de ampliación y fortalecimiento de Derechos y Libertades públicas, con la sociedad costarricense progresista que se ha venido construyendo, con la tradición liberal que viene desde 1824, 1841, 1882, 1884 y 1888 modelando el país a través de sus distintos gobiernos, con la posibilidad de ponernos al día en estas tareas humanistas y seguir siendo un referente internacional de modelo de país. El peligro de echar por la borda esa imagen de país, y de echar por la borda este avance social está a la vista. Esta es la responsabilidad que tenemos que enfrentar el 1° de abril.

Por eso no hay que caer en el engaño de la suma de personalidades a una u otra tendencia por sí mismas. En esa suma de personalidades también está la defensa de esta Costa Rica progresista, moderna, está la defensa de lo que hasta ahora se ha edificado, con posibilidad de mejorar y de avanzar. Si de las personalidades se trata hay que atender el peso pesado de ellas.

Los costarricenses, los electores en general, no tenemos opción de escoger al mejor candidato que quisiéramos. Tenemos que escoger entre los dos candidatos que se nos presentan. Los dos no van a resolver los problemas que heredan de manera inmediata. El escenario del Poder Ejecutivo Nacional no es a la vista el que va a izar banderas en esta dirección. Más importante va a ser el escenario legislativo. Desde la Asamblea Legislativa probablemente se van a trazar las primeras líneas del gobierno nacional que se nos avecina. Tal vez, sin exagerar, desde la Asamblea Legislativa se va a gobernar más.

El esfuerzo que se anuncia en estos días por constituir desde ahora una coalición política, y hasta una fusión política, de los grupos derrotados electoralmente, exceptuado al Frente Amplio y al Partido de los Trabajadores, sobre la base de la necesidad de su unidad para constituir de mejor forma bloques electorales más sólidos, por ahora es tan solo una idea en formación.

Seguimos sin cultura de coaliciones políticas electorales, y sin cultura de coaliciones políticas de gobiernos. La adherencia de estas personalidades no conduce a coaliciones de partidos políticos en el próximo gobierno, de allí también su debilidad formal.

A los efectos reales, gobernará Fabricio Alvarado con su partido Restauración Nacional y sus adherentes, sin un programa político propio de esa aparente unidad, dándoles espacio también, y representación a todos los grupos evangélicos que se pueden representar en él, o que la Alianza Evangélica Nacional le trace. Al frente, gobernará Carlos Alvarado y su Partido Acción Ciudadana, con sus distintas corrientes internas, y en conflicto, ya purificado de quienes se han ido con Fabricio Alvarado, más los adhesivos que le han llegado sin mayores exigencias, aparte de lo que podría ser más sólido programáticamente, que son los documentos de apoyo de Rodolfo Piza y de los candidatos a diputados de Nueva Generación que se sumaron con documento conceptual.

¿Cuánto durarán esas “alianzas” de esas adherencias personales? Tan solo llegarán al 1° de abril y unos días más, es lo más seguro.

Luego del 8 de mayo, cuando ya se anuncien y empiecen a funcionar los ministros, lo que se cuadrará es escenario de las elecciones del 2020, las municipales nacionales y de alcaldes, y los que se han sumado a estos proyectos electorales para la elección del 1° de abril, regresarán a sus fueros internos a los partidos políticos que pertenecen, si quieren seguir teniendo vigencia política, no solo para las elecciones del 20 sino también las próximas presidenciales del 2022. ¿O no es así?