Humberto Pacheco

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Martes 10 Junio, 2008

TROTANDO MUNDOS
De las actuaciones de algunos

Humberto Pacheco

A pesar de la afinidad familiar que nos une a don Rodrigo Carazo, mantenemos posiciones políticas diametralmente opuestas y hemos criticado reiteradas veces su amistad con Fidel Castro, siempre respetando su derecho a pensar diferente que nosotros. Pero esto no impide que nos opongamos a quienes han querido usar la información de la computadora de Raúl Reyes para hacerle acusaciones infundadas. Recientemente su hijo Rodrigo Alberto Carazo nos hizo llegar copia de una carta del ex–Presidente de Colombia Ernesto Samper, y no tenemos inconveniente en manifestar que en la misma queda claro que en esa tragedia colombiana don Rodrigo actuó a pedido del Gobierno de ese país en una misión humanitaria que resultó exitosa.
No puede de ninguna manera compararse su valiosa actuación en esa instancia con la de algunos extranjeros que, venidos a un país que les brindó su consabida hospitalidad, se dedican a promover la subversión del orden constitucional con ideas muy apartadas de la naturaleza costarricense.
En otro contexto, a don Francisco Antonio Pacheco (que no es nuestro pariente para que no se hable de nepotismo) le manifestamos que sí de veras está teniendo problemas para encontrar personas que acepten integrar el Tribunal de Etica del Partido Liberación Nacional, el órgano más importante del Partido, nos ofrecemos voluntarios. No nos comprometemos a plegarnos a los intereses del Partido, ni al de sus dirigentes, ni tampoco a disimularle los actos corruptos a nadie, pero si a restaurar vigorosamente los postulados éticos que hicieron glorioso al partido que nuestro padre ayudó a fundar. Don Francisco conoce nuestro número de teléfono, nuestra trayectoria en el 55 y en la Universidad y, gracias a un grupo de diputados del PAC que nos denigraron violentamente por contribuir a la campaña de don Oscar Arias, también conoce nuestro apoyo financiero al Partido, así como nuestra larga trayectoria desinteresada en Liberación (bueno, sí se le ha olvidado, con esto se la recordamos). Que se acaben las excusas banales para no integrar ese importante órgano.
Por mucho que le damos vuelta, no encontramos justificación lógica para haber demolido el Estadio Nacional. A esa formidable construcción, cuya ubicación ideal respecto a la gramilla y a la pista hacía palidecer los estadios locales, se le pudo haber completado las graderías que faltaban para cerrar la elipse e instalado una gramilla sintética, todo sin el enorme costo de construir uno nuevo. Se habla de la necesidad de gravar al país con más impuestos porque no alcanza la tela, pero nadie ha pegado el grito al cielo por este tremendo desperdicio. ¿Qué pasó señor Ministro, lo agarraron descuidado?
Y a propósito de fútbol, se nos cayó la imagen que de don Luis Marín teníamos como deportista, dado su reciente incumplimiento con el Liberia Mía. Acostumbrados como estamos a que nuestra palabra, y no los contratos que firmemos, es lo que dicta nuestra conducta, vemos en su actuación una falta de seriedad que hoy día caracteriza a muchos ticos. Hemos tratado de inculcar a nuestros hijos la enseñanza de nuestro padre de que la palabra- sin constricciones legales- es el honor del hombre y que faltarla es faltar al honor. Por eso vemos con displicencia la ligereza con que algunos tratan sus compromisos.
Esto debe quedar bien claro porque los cronistas deportivos que trataron el tema no parecían darle mayor importancia. Su actitud de indiferencia nos dejó un mal sabor porque los satisfizo saber que, con un supuesto pago, don Luis se eximió de cumplir su palabra. ¿Qué pasó con los pelos del bigote?

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