Humberto Pacheco

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Martes 11 Noviembre, 2008

TROTANDO MUNDOS
De Impuestos, nuevamente

Humberto Pacheco

Decíamos que eso de impulsar una nueva reforma tributaria, cosa que se desprende de los comentarios de algunos, es inconveniente. Hay que tener presente la actual situación del mundo, del país y de los ciudadanos, abrumados por el alto costo de la vida y por el empleo decreciente. También es primordial meditar cuanto más es lo que se quiere imponer porque, contrario a lo que sostienen algunos, en este país la tributación es muy alta. Lo que había fallado hasta hace unos tres años era la recaudación.
Treinta por ciento de impuesto sobre la renta para compañías, gravado dos veces cuando se aplica el quince por ciento de impuesto a los dividendos; veinticinco por ciento para individuos, que igualmente ven sus inversiones afectadas por el impuesto a los dividendos ó a los intereses, es demasiado para un país en desarrollo. Sí se suman los impuestos para seguridad social (de los mayores de América Latina), combustibles, rodamiento de vehículos y aduana, la carga tributaria se vuelve monumental y reduce muchísimo lo que le queda a las personas y a las empresas de su esfuerzo productor.
Lo único que en nuestra opinión procede, en busca de mayor equidad —y esto sin duda nos granjeará enemigos— es meter dentro del grupo de contribuyentes a toda empresa que opere con fines de lucro, llámese cooperativa u otro.
Por lo demás, la mejora notable en la recaudación que se viene dando, con resultados superavitarios, confirma que lo que hacía falta no eran más impuestos sino una adecuada recaudación de los existentes. El complemento es que se aprenda a usar adecuadamente la enorme cantidad de recursos que languidecen en las entidades públicas sin ser utilizados.
Estamos de acuerdo con un gravamen a las casas de lujo pero aquí también hay que valorar sí no será que lo que hace falta es la adecuada valoración de los inmuebles y la correcta aplicación del gravamen existente. Sí se crea un nuevo gravamen, éste debe ser compartido entre entidades para que no se convierta en una doble imposición.
A riesgo de sonar reiterativos, recordamos que varios países europeos han adoptado exitosamente regímenes diferentes, como el “flat tax” de Alvin Rabushka, que tantísimo le ha costado entender a algunos “expertos”. Otros han rebajado sus tasas buscando en ambos casos mejorar la recaudación bajo el principio de Laffer, cuya Curva demuestra que en un régimen de tasas ascendentes, la recolección sube un poquito al principio y luego empieza a caerse; al llegar al punto de avaricia fiscal, agregamos nosotros, se vuelve casi imposible de recaudar.
El ejemplo de Eslovakia, que bajó su tasa corporativa al diecinueve por ciento y se atrajo un grueso contingente de fabricantes de autos, es concluyente. Austria le siguió ante el enojo de los alemanes, que alegaron que los austriacos lo hacían para robarse sus industrias, cuando en realidad lo que buscaban era conservar las propias.
España, modelo de los proponentes del infame mamotreto que nos atormentó y estancó al país por cuatro años, está ahora sufriendo una pavorosa recesión y un desempleo masivo. Altos impuestos aunados a la crisis hipotecaria están causando desempleo masivo y deterioro de la economía.
Al final, la forma como se satisfaga la inagotable necesidad fiscal determinará sí seguimos siendo exitosos en la atracción de inversión extranjera y empleo, pilares fundamentales de una economía de servicios, y manteniendo la estabilidad de nuestra moneda y de nuestra economía en un mundo patas para arriba.
Hay que cuidar nuestras empresas ó tener una muy buena excusa para los desempleados que resulten de una política errada. El hambre no perdona.

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