Humberto Pacheco

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Martes 9 Diciembre, 2008

TROTANDO MUNDOS
De Constituyentes y realidad nacional

Humberto Pacheco

La solución a los problemas de Costa Rica no está por mucho en llamar a una Constituyente. Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, uno de los padres de la Constitución española del 78 que tan bien ha servido a España, manifestó lo mismo sobre la suya el sábado pasado en un programa de TVE, afirmándonos aún más en nuestro pensamiento.
En un país en que la terquedad (y malas intenciones?) de unos pocos —un senil diputado liberacionista hermanado a varios del minoritario partido PAC— lo paraliza cinco valiosos años discutiendo un “mamotreto” fiscal, como lo llamó el ilustre don Oscar Barahona, para luego descartarlo porque al final se dan cuenta —un quinquenio después— de que no sirve; y luego el mismo PAC lo paraliza otros tres años objetando un tratado de libre comercio que el país votó por fuerte mayoría y que muchos países añoran y no pueden conseguir, no puede de ninguna manera aventurarse a poner en manos de estos palurdos la discusión de su sistema de vida.
No es la infraestructura constitucional y legal la que está mal. Es la inmadurez y falta de inteligencia de los costarricenses, incapaces de entender, respetar y ejecutar adecuadamente las leyes y de aplicar un sano raciocinio a su conducta; y de entender que las cosas no se dan por casualidad sino porque el hombre las hace ó las impulsa. Veamos unos ejemplos.
Este país se ha beneficiado muchísimo con los turistas extranjeros, fuente número uno de divisas que nos llega gracias a que algunos empresarios corajudos apuestan grandes sumas de dinero en montar hoteles que los alberguen, empleando a cientos de costarricenses a muchos de las cuales es necesario entrenar a un alto costo, y corriendo el riesgo de que el turismo se caiga en cualquier momento y se pierda todo, en vez de invertir sus dineros en bonos del estado y con poco riesgo recoger sus ganancias. Sin embargo, cuando esos hoteleros objetan un impuesto ó un cargo que pesará sobre su competitividad, en vez de apoyarlos, los insulta y los trata de aprovechados. Igual sucede con otras actividades empresariales, no obstante que en la gran suma, esos empresarios dan de comer a un millón de costarricenses.
Esas sirenas de la crítica, que no dan trabajo ni a una empleada doméstica, ni pintan las fachadas de sus casas, ni barren sus aceras para que el chiquero en que han convertido a este país se vea un poquito mejor, siempre están atentas a la burla y al insulto.
Disponiendo una medida sabia, este país saludablemente prohibió a la iglesia participar en política para evitar los abusos que se dieron durante la conquista, pero en la modernidad ahora interpreta que dicha prohibición sólo alcanza a la Católica, permitiendo que ministros, ángeles, querubines ó como se llamen los diáconos de las iglesias protestantes sí participen. Digno de tarados.
Nuestra Constitución del 48 también nos ha servido muy bien. Al decir de nuestros abuelos, el frío no está en las cobijas. Algunas actualizaciones parciales deberían bastar. Eso sí, que no sean del tono de pensamiento de una Sala Cuarta que endosa y da carácter de derecho a que los automovilistas que asesinan a un ser humano con su vehículo automotor se den libremente a la fuga, cuando en el resto del mundo civilizado esto representa un agravante sí no una clara incriminación y un crimen de lesa humanidad.
El espacio no da para todas las lindezas de nuestra sociedad contemporánea, pero cada uno de Uds. tendrá muchas que aportar. Cambiemos primero la actitud nacional, maduremos, aprendamos a respetar a los demás, y después podemos hablar de hacer grandes cosas. A como vamos, más leyes serán sólo el símbolo confuciano de nuestra decadencia. Y de tocar la Constitución… muchísimo cuidado.

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