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Cuidar

Eleonora Badilla [email protected] | Lunes 21 octubre, 2019


El viernes 20 de setiembre recién pasado decenas de miles de personas, fundamentalmente jóvenes muchos de ellos estudiantes, encabezaron marchas en todo el mundo para exigir acciones concretas de gobiernos y corporaciones para enfrentar la crisis climática. El movimiento se conoció como una "huelga general por el clima" y se realizó en más de 100 países. Su propósito era despertar conciencias.

La fecha fue escogida intencionalmente porque el lunes siguiente, 23 de setiembre de 2019 se realizaría en la sede de la Organización de Naciones Unidas ONU en Nueva York, la cumbre contra el cambio climático. Las personas participantes en las marchas demandaban menos discursos y más acción para detener el calentamiento global; exigían a la ONU tomar todas las acciones necesarias para evitar que el aumento en la temperatura del planeta supere 1,5º C adicionales a la era preindustrial. “Hace 20 años que tenía que haber pasado esto”, dijo Carlos Alonso un hombre de 49 años quien participó en la protesta de Madrid con su familia y amigos. “Pero estábamos dormidos; han tenido que ser los jóvenes los que salgan primero a la calle, porque son los más afectados”, agregó. Somos una especie en peligro de extinguirlo todo, se leía algunos de los carteles que llevaban las personas en las marchas.

La preocupación es muy válida: el Acuerdo de París cerrado en 2015 para contener el aumento de la temperatura planetaria, no ha no ha impedido que las emisiones y las temperaturas estén en la actualidad en niveles récord y los fenómenos naturales como el huracán Dorian, sean cada vez más devastadores.

“Hay que hacer comprender a la gente que hay una emergencia climática hoy, que el problema del calentamiento es de hoy, que la salud pública está amenazada hoy, que el mar está subiendo hoy, que las temperaturas ya están provocando problemas muy graves”, enfatizaba el secretario general de la ONU, Antonio Guterrez a las puertas de la cumbre del 23 de setiembre.

La cumbre reunió a más de 70 presidentes y ministros de varios países así como a alcaldes, empresarios y representantes de otras entidades, todos comprometidos con actuar contra el cambio climático que vive el planeta. La mayoría de los países presentes sí se comprometió a luchar por lograr una reducción de sus emisiones de carbono a cero para el 2050. Pero no todos: los grande emisores China, Estados Unidos, India y Rusia no se sumaron y el Presidente de Brasil, Jair Bolsonaro insiste en que la Amazonia no debe protegerse y no es patrimonio de la humanidad.

El inminente peligro al que nos enfrenta como especie el calentamiento global, obliga a reflexionar sobre la crisis que estamos viviendo. Es una crisis ecológica pero, lamentablemente, se trata de situaciones extremas que trascienden el clima. Por ejemplo, también hay falta de solidaridad con los millones de refugiados que huyen de las guerras; culturas y regímenes que marginan, desprecian y violentan la dignidad humana y desprotegen de diversas capas sociales.

En síntesis, estamos ante una crisis de convivencia planetaria que es necesario reconocer y resolver si queremos sobrevivir como especie. Reconocer y resolver significa tomar conciencia y acción. Se trata de esa misma toma de conciencia que buscaba la “huelga del clima” que se realizó a nivel mundial el 20 de setiembre pasado, pero ampliando a otros aspectos sociales y civilizatorios.

Y aquí es cuando los sistemas educativos tenemos que, asumir que, no hemos sido capaces de desarrollar esa conciencia en las personas, que podría haber evitado o al menos suavizado las consecuencias de esta crisis que enfrentamos. También es necesario asumir, que la movilización mundial sobre un tema que nos atañe a todos y todas, es importante, pero no es suficiente para salvarnos como especie. Porque la conciencia no se desarrolla en un solo acto: se va construyendo a lo largo de la experiencias de vida; a lo largo del aprendizaje que se va desarrollando en los procesos educativos.

Por eso, es que requiere un cambio profundo en los sistemas educativos, para que las personas puedan continuar comprendiendo de manera consciente la realidad que enfrentamos y visualicen las rutas de acción que deben tomarse ante una crisis tan severa. Es decir, se requiere de una educación que, intencionalmente promueva el desarrollo de dicha conciencia.

En el mundo y en Costa Rica, existen algunas iniciativas en distintos niveles del sistema educativo que apuntan en esa dirección; muchas en consonancia con el pensador francés Edgar Morin quien aboga por el desarrollo de una conciencia planetaria. En particular, la Universidad Castro Carazo, en el proceso transformativo que ha emprendido, ha adptado como institución, un modelo Ecoformativo que precisamente busca que toda la comunidad educativa: estudiantes, docentes, colaboradores e incluso las familias, eleven la conciencia sobre la realidad mundial y podamos, en conjunto, buscar formas de paliar los efectos negativos que trae consigo la crisis generalizada. La Ecoformación se trata de un proceso de restauración de la relación del ser humano y su ambiente; consigo mismo y con los demás. Y mucho más que un modelo, se aspira a que la ecoformación sea una forma de pensar, un estilo de vida. Se busca que la personas, en sus ámbitos personales y profesionales, tengan siempre presente en todas las desiciones que tomen, la importancia de cuidar la vida en el planeta; a los semejantes y a sí mismos.




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