Claudia Barrionuevo

Claudia Barrionuevo

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Lunes 29 Diciembre, 2014

Hay miles de historias humanas sorprendentes, emotivas, relevantes, dignas de ser rescatadas por los constructores de relatos


Cuba va

El 2014 se termina y Costa Rica aún no ha acatado la orden, emitida por la Corte Interamericana de Derechos Humanos hace dos años, de aprobar una ley que permita la fertilización in vitro (FIV). Doce años de prohibición les han impedido a cientos de parejas convertirse en padres biológicos.
En Cuba la fecundación asistida es legal, financiada por el Estado y se realiza en cuatro centros hospitalarios. El primer bebé gestado en la isla mediante este procedimiento nació en 1986.
La cubana Adriana Pérez quería ser mamá. A sus 43 temía que el tiempo se le acabara. El deseo de tener un hijo de su marido, Gerardo Hernández, era imposible: él había sido condenado en Miami a dos cadenas perpetuas más 15 años por espionaje.
Tim Rieser, un experimentado negociador que ha asesorado durante casi 30 años al senador demócrata Patrick Leahy, hizo todas las gestiones diplomáticas para lograr lo impensable: que Adriana fuera inoculada con el semen de su esposo preso. Ella sabía que jamás volvería a ver a Gerardo, pero al menos cumplía un sueño. En secreto.
La noticia de su gestación no se filtró. A pesar de que en esta historia abundan los espías, ninguno se enteró (o fueron muy discretos) y el mundo se sorprendió cuando el primer Presidente negro de Estados Unidos anunció el proceso de reanudación de las relaciones con Cuba luego de más de 50 años.
Igualmente secretas y discretas fueron las negociaciones para lograr la liberación y el regreso a su patria de los tres cubanos del grupo llamado “Miami Five”, que aún permanecían en una cárcel de Florida, y de Alan Gross, un norteamericano acusado también de espionaje y preso en La Habana desde 2009.
Puedo imaginar el asombro y la felicidad de Adriana Pérez, embarazada de ocho meses, cuando supo que el reencuentro con Gerardo sería posible; que recibirían juntos a su hija; que la realidad superaba a la imaginación. Seguramente evocó la frase de una canción de Silvio Rodríguez: “Solo el amor engendra la maravilla”.
Otra mujer, Judy Gross, 20 años mayor que la cubana y madre de dos hijas adultas, también tuvo que soportar durante cinco años el encarcelamiento de su marido. Habiendo tenido que sobrellevar sola el cáncer terminal de pulmón de su madre y la doble mastectomía de su hija mayor, la esposa del activista de Internet, acompañada por uno de los gestores del intercambio de prisioneros, el senador Leahy, viajó de La Habana a Washington con su esposo. Calificó la liberación como un milagro de Hanukkah, la festividad judía que se celebró el 17 de diciembre. Tenía razón.
Enfrente de la diplomacia internacional, de los secretos de Estado, de Raúl Castro y Barak Obama, de la mediación del papa Francisco, de la histórica noticia diplomática que revolucionó el final de 2014, hay miles de historias humanas sorprendentes, emotivas, relevantes, dignas de ser rescatadas por los constructores de relatos.
Mis mejores deseos para este año que empieza. Todo puede cambiar y cambia. No hay que perder la esperanza ni dejar de trabajar para que así sea. Amén.
 

Claudia Barrionuevo

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