Cuba apela a inversión extranjera por fin de crudo venezolano
Barack Obama, presidente de Estados Unidos, luego de su discurso en Cuba, 55 años después del último presidente estadounidense en suelo cubano. Bloomberg/La República
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Casi dos años después que los presidentes Barack Obama y Raúl Castro anunciaron una distensión en las relaciones, el gobierno comunista de Cuba recurre a inversores extranjeros para dar impulso a las energías renovables al enfrentar recortes en las importaciones de petróleo barato de Venezuela.
El gobierno que formó Fidel Castro en 1959 y que encabeza su hermano Raúl está presentando a empresas extranjeras grandes proyectos de energía eólica y solar, así como plantas de biomasa que utilizan la caña de azúcar como combustible.


El objetivo: atraer miles de millones de dólares hacia sectores que hasta hace poco controlaban organismos estatales y aumentar la cantidad de electricidad producto de energías renovables, que hoy es del 4%, al 24% para 2030.
El cambio no es tanto un asunto de ideología sino de oferta y demanda. El país insular tiene una fuerte dependencia de las plantas de energía que funcionan con el petróleo de las importaciones subsidiadas por Venezuela, pero la crisis económica en ese país pone en peligro el suministro, por lo cual las autoridades cubanas temen una vuelta a la turbulencia de comienzos de la década de 1990, cuando comenzó a escasear la ayuda financiera de la antigua Unión Soviética.
“Que el gobierno haga una presentación abierta de este nivel a empresas extranjeras no tiene precedentes”, dijo Andrew MacDonald, director y vicepresidente de Havana Energy, que está construyendo plantas de biomasa en refinerías de azúcar. “Es de máxima prioridad para el Gobierno cubano”, agregó.
La iniciativa que tuvo Fidel Castro diez años atrás en cuanto a mejorar la eficiencia energética e incorporar energías renovables no logró reducir la dependencia cubana del petróleo, gas natural y diésel, que proveen el 95% de su electricidad, según un informe anual de 2015 de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información del Gobierno cubano.
El nuevo objetivo de agregar 2,1 gigavatios de capacidad proveniente de plantas de biomasa, granjas eólicas, proyectos de energía solar y generadores hidroeléctricos costará alrededor de $3.500 millones, según estimaciones oficiales.
Para alcanzar esa meta, Cuba dijo hace poco que permitirá que las firmas extranjeras, en determinadas circunstancias, tengan proyectos con capital 100% propio en lugar de exigirles que formen empresas conjuntas con compañías estatales. El gobierno de Obama también dispuso exenciones al embargo económico de Estados Unidos para que las empresas puedan exportar productos y tecnología a la isla.
“Las oportunidades son enormes allí”, dijo Bernardo Fernández, director de operaciones para México de Hive Energy, una firma británica que acordó construir un proyecto de energía solar de 50 megavatios en Mariel, la zona franca fuera de La Habana. “En realidad no necesitan atraer a nadie, sino solo despejarles el camino a las empresas”.


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