Macarena Barahona

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Sábado 31 Marzo, 2012


Cantera
Cuaresma


Un pensamiento en esta época de Cuaresma, pensamiento cuaresmático, si se me permite, me lleva a reflexionar sobre la violencia que parece ir poco a poco siendo parte sustancial de una estructura social que a lo interno, acomoda las partes de nuestra sociedad que no acepta las normas y reglas que para otros satisfacen. Estas partes funcionan como ríos de sangre y criminalidad, agrupándose en clandestinidad en grupos y redes.
América Latina en las últimas décadas vivió dictaduras fortalecidas por aparatos represivos, ejércitos constitucionales, fuerzas especiales de contrainsurgencias, para - militares y otros nombres dedicados a reprimir violentamente a la ciudadanía, a los sectores campesinos y a los indígenas.
Estas fuerzas, en mucho preparadas militarmente, y por muchos vistas como sostenidas económicamente por los gobiernos de Estados Unidos, se formaron en el parámetro de que la violencia y la crueldad eran parte insustituible de sus cometidos.
Fuerzas especiales entrenadas para doblegar en la lujuria de la violencia y la tortura (como ejemplo, las Fuerzas especiales llamadas “Kaibil”, del Ejército guatemalteco, que acaban de sentenciar en Guatemala, a algunos miembros a condenas de 6.060 años, por la masacre de 201 campesinos en 1982) a campesinos, indígenas, guerrilleros, estudiantes, ciudadanos.
Formar miedo, crear la psicosis del dolor unido al terror. Inmovilizar a una sociedad para que las “cosas” o “los negocios”, de elites oligarcas sigan prosperando, y no exista oposición ni rebeldía.
Toda la sociedad en función de ello, silencio y complicidad de sistemas judiciales, políticos, religiosos, medios de comunicación, la duda trae violencia, dolor, muerte.
Ahora esta violencia se reagrupa criminalmente, creando nuevas redes y nuevos propósitos: tráfico de drogas, de mujeres, de niños, de trabajadores, redes ilimitadas en influencias que castigan al oponente con alevosía y placer depredador.
Costa Rica no se escapa, sobrevivimos a la violencia represiva del siglo XX, pero nos hundimos en la violencia del siglo XXI, cada día nos sobrecogemos con el dolor de familias mutiladas y castigadas por las redes que atraparon algún miembro, y el castigo no espera.
Cada día nos impactamos con la doble moral del político, que vive del Estado, de puestos y puestos, amasando fortunas y se esquiva de las obligaciones mínimas de cualquier parroquiano. La violencia del corrupto o del cínico.
No nos escapamos de la delincuencia de hermosos cuellos blancos, o de jóvenes pandilleros sin futuro. Todo se amolda en la sociedad, amalgamada por la violencia.
Pensamiento de Cuaresma, una realidad en vigilia que no se quiere ver.

Macarena Barahona