Ennio Rodríguez

Ennio Rodríguez

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Martes 8 Agosto, 2017

¿Crisis de liquidez?

Todavía no: A pesar del anuncio presidencial al respecto y de que efectivamente tenemos problemas en el manejo de flujo de caja del Gobierno, todavía no hemos entrado en una crisis de liquidez. No nos encontramos en una situación de insolvencia como la que se presentó en agosto de 1981. En esa ocasión, los tenedores de bonos del país en moneda extranjera se negaron a renovar sus posiciones, no era un asunto de tasa de interés, era un asunto de credibilidad en la capacidad de pago del gobierno. La deuda del gobierno central había superado el 100% del PIB. En la actualidad rondamos el 50%. Por otro lado, si bien las calificadoras de riesgo han venido bajando la nota para la deuda costarricense, no han hecho afirmaciones tan dramáticas como la que realizó el propio Presidente de la República. Además, el gobierno no ha agotado los instrumentos a su disposición. No ha intentado averiguar la tasa de interés a la cual los ahorrantes estarían dispuestos a adquirir deuda pública en colones o dólares, también existen las letras del tesoro. Adicionalmente, mediante una aprobación legislativa, el gobierno podría emitir bonos en el extranjero. Todavía no tenemos crisis de liquidez, pero con el anuncio, el gobierno ha hecho subir el costo de captar más recursos. No se anuncia que no se podrá pagar a quienes se espera que le presten.

¿Ahora qué? En el plazo inmediato, el gobierno deberá recuperar credibilidad. Para ello, deberá, primero, abandonar su respuesta condicionada, “es culpa de los gobiernos anteriores”, porque no lo es, y porque necesitará del apoyo legislativo y político de la oposición. Segundo, con humidad, admitir que el alarmismo fue un error. Tercero, propósito de enmienda. Deberá listar, de manera creíble, las acciones que emprenderá para hacer manejable el flujo de caja, no del próximo gobierno (sería muy tarde), sino de este. Esperamos escuchar qué partidas subejecutará mediante el argumento que nadie está obligado a lo imposible. También deberá decirles a los costarricenses las prioridades con las que manejará los pagos de las obligaciones. Cuarto, deberá actuar rápido para que los ahorrantes no se resfríen aún más.

¿Cómo llegamos aquí? La respuesta simple es que durante ocho años el gobierno ha gastado más que sus ingresos y el faltante se ha cubierto con endeudamiento. Un poquito más técnicamente, si el déficit del gobierno central supera el 3% del PIB, aumentará el porcentaje de deuda hasta llegar a un punto que deja de ser sostenible. Así, la deuda pública del gobierno se incrementó del 30% a cerca del 50% del PIB, con el incumplimiento del mandato constitucional sistemático de la norma que obliga a usar el endeudamiento solo para inversión y no para gastos corrientes. Hoy los intereses son el rubro que más incrementa el gasto público. Es decir, hemos vivido una crisis fiscal de baja intensidad, la cual amenaza con volverse aguda de no actuarse con firmeza, celeridad y de manera contundente.

La segunda parte de la respuesta es señalar la responsabilidad del partido gobernante. La administración Chinchilla intentó buscar una solución al problema fiscal. Pero parte de la fracción parlamentaria del PAC contribuyó a impedírselo, en asocio con la Sala Constitucional, la cual, mediante dudosos argumentos procedimentales, se la trajo abajo. Intervención de la Sala que, por cierto, fue inconsistente con los argumentos con los que también derribó la reforma del presidente Pacheco (recordarán su argumento, un tanto simplista, “el TLC para los ricos y reforma fiscal para los pobres”). Durante la campaña de 2014, el candidato liberacionista, de frente, dijo que habría reforma fiscal, mientras que el PAC, lo negó. Dijo lo que la gente quería oír, aunque fuese irreal. Incluso, el Presidente electo rechazó la oferta de la presidenta Chinchilla de realizar una reforma fiscal antes de que asumiera. Durante tres años gobernaron como si el problema fiscal no existiera, hasta que, luego de una subida de las tasas de interés en colones por parte del Banco Central (para corregir que estas estaban desalineadas con respecto a las de dólares) y, así, contener una demanda creciente de divisas, le vino a complicar las subastas al Ministerio de Hacienda. Adicionalmente, las intervenciones recientes del Banco Central para detener la devaluación, producto principalmente de la desalineación de tasas, vino a reducir la liquidez en el mercado y a bajar la demanda por bonos aún más, demanda con la que también compite Central Directo.

El camino: Primero, no hay tiempo que perder. No podemos esperar a la próxima administración. Si esa fue la apuesta, la perdieron. Segundo, la iniciativa le corresponde al gobierno. Deberá hacer una propuesta para restaurar la credibilidad mediante un recorte de gastos (tanto superfluos pero simbólicos, como dolorosos) y salir nuevamente a los mercados. Se acabó la opción de patear para atrás o para adelante. Tercero, lo anterior solo tiene sentido si también el gobierno presenta y da la lucha de su vida por una reforma fiscal integral: 1. reducción de gastos; 2. aumento de ingresos; 3. mejora de eficiencia (evaluación de resultados y rendimientos); y 4. mayor transparencia en todo lo anterior. Si el gobierno falla, nos caemos al precipicio. Si la oposición no apoya al gobierno, en el caso de que este haga una propuesta integral y creíble, también nos caeremos. ¿Estaremos a la altura de las circunstancias para ahorrarles mayor dolor a los más necesitados de nuestro país, quienes sufrirían mucho más si caemos al despeñadero? Pronto lo sabremos. ¡No podemos detener el reloj, porque la vida se acaba!