Siany Villalobos Argüello

Siany Villalobos Argüello

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Martes 28 Noviembre, 2017

Costa Rica un país sin ejército, pero violento

Cómo olvidar una de las fechas más significativa de nuestra historia, 1° de diciembre, día en que celebramos la efeméride de la “Abolición del Ejército de Costa Rica”, de lo cual debemos sentirnos orgullosos, porque hace 69 años Costa Rica eliminó el servicio militar, convirtiéndose en un país civilista, de paz, de derecho y democracia.

Las cosas no fueron sencillas, este hecho histórico acontece en 1948 cuando la Junta de Gobierno presidida por José Figueres Ferrer, general victorioso del Ejercito de Liberación Nacional tras la guerra civil, decide abolir el ejército costarricense, en un entorno mundial sumido en conflictos que marcó mucho dolor por la pérdida de vidas humanas y de inestabilidad en los países hermanos.



No conozco un solo costarricense que no se sienta orgulloso cuando tiene la oportunidad de salir de nuestras fronteras y escuchar la forma en que se refieren a Costa Rica como el país que no tiene ejército, el país de paz; de igual forma debemos enfrentar la pregunta que con asombro nos hacen: ¿Cómo hacen para no tener fuerzas armadas? Desde luego, refiriéndose al orden público y la seguridad ciudadana.

Sin embargo, es muy lamentable la situación que vivimos actualmente, nos encontramos sumidos en un mar de violencia, crímenes, asaltos, estafas, hemos ido perdiendo aceleradamente nuestra tranquilidad, si usted quiere desmotivarse tan solo encienda los telenoticieros de la mañana para que vea las noticias de los asesinatos de la última noche, lastimosamente algo que ya no sorprende a muchos.

Costa Rica se ha visto invadida por las mafias del narcotráfico que asesinan sin pudor alguno a sus rivales y a cualquier persona inocente que se interponga en la trayectoria de sus balas.

Nuestros jóvenes a causa de la desintegración familiar, ausencia de trabajo y buenas oportunidades para desarrollarse sanamente, han caído en el fácil pero fatal camino de las drogas y del narco.

Los asaltantes se han trasladado a pueblos y lugares tranquilos, donde hoy no es extraño que, en otrora cantones de plácida convivencia, nos asalten a la salida de nuestra casa o frente al parque. Ya no somos dueños de publicar anuncios de venta de vehículos porque los primeros que nos contactan son los estafadores. Ni siquiera el simple hecho de viajar en autobús nos asegura regresar tranquilos a casa.

Si usted piensa que se encuentra seguro en un centro comercial de los más concurridos, está equivocado (a), pues la osadía de la delincuencia no encuentra obstáculo de llegar hasta ahí para cometer sus fechorías, poniendo en grave riesgo su vida o la de seres queridos. En los próximos días estaremos prestos a recibir el esperado aguinaldo pero debemos tomar cartas en el asunto y el mayor de los cuidados para salir a la calle.

Ciertamente la descomposición social tiene varios responsables, y quizás nosotros mismos tengamos nuestra cuota de responsabilidad en el propio seno de nuestras familias ante la pérdida de valores, porque no es excusa pertenecer a una clase social determinada para ser un delincuente, ni se vale dar todo a nuestros hijos sin que reflexionen sobre el valor de las cosas.

La ineficiencia y falta de recursos de nuestra policía y el desinterés del Gobierno en poner más atención a la ciudadanía sobre lo peligroso que se está tornando el país, y la liberación de las llamadas “golondrinas” ante la descabellada idea de soltar a la calle a criminales, dan una oportunidad de oro a la delincuencia para que clave sus garras en la población.

Cómo nos gustaría a todos ver la misma cantidad de policías en las ciudades como la que trabaja en cada época navideña, cabe hacerse la pregunta: ¿En qué lugar están todos esos policías el resto del año?

No seamos complacientes, que nuestra voz no se apague, no permitamos que se pierda más nuestro país, reforcemos los valores de nuestros antepasados que lucharon exponiendo su propia vida, por una Costa Rica sin ejército, libre, de derecho. “Sepamos ser libres no siervos menguados, derecho sagrado la Patria nos da”.