Siany Villalobos Argüello

Siany Villalobos Argüello

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Martes 27 Marzo, 2018

Costa Rica, su cultura y tradiciones

Las relaciones y el respeto a la población de un país se abordan desde muchas áreas, como lo son las actividades propias de los habitantes, a saber: culturales, tradicionales, religiosas, deportivas y cívicas.

La cultura y tradiciones son fundamentales en la vida de la sociedad, fortalecen la identidad de un pueblo, la cual debe ser respetada, algunas de ellas: desfiles de boyeros, turnos, ferias, campeonatos deportivos, mascaradas, topes, corridas de toros, juegos tradicionales, entre muchas más.

No existe en Costa Rica un solo cantón que no festeje el día de su santo, sea este a nivel cantonal o distrital, todas estas celebraciones cuentan con fechas específicas para llevar a cabo la gran fiesta con: comidas típicas, ferias, misas en honor del santo patrono, actividades culturales, campeonatos deportivos, bendición de personas, autos y animales, juegos de pólvora, mascaradas, entre otros.

De esta forma, cómo no hacer mención de la Semana Santa, la cual viven fervorosamente los creyentes en la de católica, donde se llevan a cabo diversas actividades religiosas, entre ellas las procesiones por los principales cuadrantes de las parroquias, la donación y la venta de mercaderías en los huertos y cómo olvidar la diversidad en la gastronomía como tradición a la conmemoración de la Semana Mayor.

En la Semana Santa nuestros abuelos contemplaban una dieta totalmente diferente a la de hoy día, que se preparaba con antelación. En las zonas rurales no era extraño ver los hornos de barro encendidos desde horas muy tempranas, como tampoco era extraño ver a los vecinos reunidos para preparar el famoso pan casero, rosquillas, biscocho y las empanadas de chiverre, los niños y niñas anhelaban el pan en forma de muñeco con ojos de frijol, cómo no recordar a la abuela preparando el chiverre y la utilización de cal en el proceso, el famoso encurtido preparado con ácido bastante fuerte y de color morado, efecto de la remolacha y, por supuesto, el arroz con leche que despedía el olor a canela.

El atún y la sardina se consumían solamente en Semana Santa, el menú favorito era: la sopa de bacalao con raíz de chayote, arroz, frijoles, atún o sardina según el gusto de cada persona, el famoso encurtido y el palmito; en lugar de tortillas se comía el tamal mudo de maíz relleno de frijol servido en rebanadas; pero como si eso fuera poco, de forma casi simultánea se servía el café, con pan casero, empanadas de chiverre y el delicioso biscocho.

Nuestras costumbres han variado bastante, recuerdo los cuentos o leyendas que advertían de la peligrosidad de bañarse el Viernes Santo por el gran riesgo de convertirse en sirena.

Creo que las personas que contamos con más de 40 años podemos recordar cómo era el tránsito vehicular en los años 70, primero eran muy pocos los carros que existían en la zona rural, solo “la gente de plata” contaba con un vehículo, durante el Jueves y Viernes Santos no transitaba ninguno de los pocos autos, no se contaba con servicio de trasporte público, se caminaba “parejito” durante la semana, la procesión de Jueves Santo se llevaba a cabo a altas horas de la noche y por varios kilómetros e igual pasaba con el Viernes, con el agravante de que eran dos procesiones en un día y nuevamente con recorridos muy extenuantes.

Algunos podemos recordar con nostalgia aquellas épocas. Sin embargo, creo que actualmente tenemos la obligación de revivir nuestra cultura, tradiciones y sobre todo la espiritualidad y la fe que son conceptos muy íntimos y nos ofrecen paz interna, disfrutemos de lo nuestro y sobre todo compartamos en familia, feliz Semana Santa a todos(as).