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Costa Rica no avanza en la lucha contra el cambio climático (III)

Roberto Dobles [email protected] | Lunes 29 enero, 2018


Costa Rica no avanza en la lucha contra el cambio climático (III)

La mitigación de gases de efecto invernadero (GEI) y la adaptación al cambio climático requieren grandes inversiones nacionales en muchos sectores. En términos generales, la mitigación tiene un beneficio global y la adaptación, un beneficio local.

Es curioso ver como ciertos grupos en Costa Rica solo dan énfasis a la mitigación (efecto global) y no a la adaptación (efecto local), cuando el énfasis debe estar en ambos ejes de la lucha contra el cambio climático.

Por su pequeño tamaño, las emisiones del país, aunque crecientes, son relativamente pequeñas con muy poco impacto en el clima. Pero a pesar de esta situación, las crecientes emisiones nacionales son contrarias a las “responsabilidades comunes y diferenciadas” que tiene el país de conformidad con la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, suscrita por todos los países del mundo, y con los compromisos adquiridos en el Acuerdo de París, el cual fue firmado en diciembre de 2015 dentro del marco de esta Convención.

Además de la mitigación, la lucha contra el cambio climático incluye la adaptación en todos los sectores nacionales, a la cual el país debe también darle énfasis porque es con medidas de adaptación donde se combaten localmente los crecientes impactos negativos del cambio climático exacerbado por las enormes y crecientes emisiones de las economías más importantes del mundo. Es con las medidas de adaptación donde un país pequeño como Costa Rica obtiene los principales beneficios locales que resultan de las inversiones que el país haga en la lucha contra el cambio climático.

Difícilmente un país puede hacer algo importante en materia de mitigación y de adaptación si carece de recursos y si no cuenta con un flujo significativo y permanente de recursos financieros para realizar las grandes inversiones que se requieren realizar en estos dos campos para luchar contra el cambio climático.

Con algunas excepciones, Costa Rica no ha podido tomar medidas de gran impacto en mitigación y adaptación debido a la enorme carencia de recursos que tenemos. Muchas veces no se tiene claro que las actividades de mitigación de gases de efecto invernadero y de adaptación al cambio climático son áreas de acción muy intensivas en capital y que requieren constantes inversiones millonarias.

La cruda realidad es que Costa Rica, por ser un país de renta media y de pequeño tamaño (con emisiones relativamente pequeñas a nivel global), no es ni atractivo ni prioritario internacionalmente para atraer recursos externos para la mitigación y la adaptación que el país debe realizar.

Por estas dos razones, nadie ha venido de afuera, ni va a venir, con una gran chequera con los recursos suficientes para financiar las acciones que localmente se requieren en mitigación y adaptación.

Por lo tanto, no se puede esperar que toda la enorme cantidad de recursos que son necesarios para financiar nuestra mitigación y nuestra adaptación vengan de afuera. Estos recursos van a tener entonces que ser inevitablemente generados dentro del país.

La evidencia internacional es contundente en demostrar que los países que más están avanzando en mitigación y en adaptación, y en muchos otros campos, son aquellos que disponen de grandes cantidades de recursos financieros de manera permanente, ya que pueden financiar sus planes con los recursos propios generados internamente.

En Costa Rica, debido a los dogmas que existen, las políticas rechazan el aprovechamiento de muchas de las fuentes internas de recursos financieros potenciales que el país tiene y que se han identificado en varias zonas del territorio nacional.

Son casualmente estas fuentes que las políticas rechazan aquí las que aprovechan y usan muchos países exitosos en lo económico, lo social y lo ambiental para generar las cuantiosas cantidades de recursos que se necesitan para la mitigación y la adaptación, además de las otras necesidades económicas, sociales y ambientales.

Aquí se habla mucho de luchar contra el cambio climático, pero no se plantean soluciones en varios temas claves como el siguiente: ¿de dónde saldrá la enorme cantidad de recursos financieros que se necesitan por largos periodos de tiempo para llevar a cabo los proyectos que se requieren para satisfacer las apremiantes necesidades que tiene el país en materia económica, social y ambiental, incluyendo las necesidades de mitigación de gases de efecto invernadero (y otros gases) y de adaptación al cambio climático?

Al no tener una respuesta adecuada a esta pregunta, no hemos podido tomar las medidas que se requieren.

Y si no se hace nada relevante desde ya en materia de mitigación, el país empezará a incumplir además los compromisos adquiridos en el Acuerdo de París a partir de 2020, entre los cuales se encuentran los siguientes:

  • “El compromiso nacional implica una reducción de emisiones de GEI de 44%, comparado con un escenario Business As Usual (BAU),…”
  • “Para lograr su meta, Costa Rica tendrá que reducir 170.500 toneladas de GEI año con año,…”
     

Como parte de este Acuerdo internacional, que fue ratificado por la Asamblea Legislativa, el país se ha comprometido con una trayectoria de emisiones decrecientes claramente definida. Sin embargo, la realidad muestra que las emisiones nacionales de gases de efecto invernadero continúan aumentando rápidamente en una trayectoria de crecimiento acelerado, por lo que cada vez será más difícil y más caro cumplir con los compromisos adquiridos internacionalmente.

La situación se agrava aún más cuando se constata que no hay recursos asignados y aprobados para cumplir con los compromisos internacionales que se han adquirido.

Además, muchos de los recursos que gran cantidad de países exitosos utilizan para estos y otros fines se rechazan aquí por dogmas sin sustento técnico y económico, a pesar de que se han identificado muchos recursos de este tipo en el territorio nacional.

Es importante señalar que la evidencia demuestra que los países con políticas sin dogmas y que utilizan este tipo de recursos son los que más rápidamente están avanzando en la lucha contra el cambio climático, además de lograr avances continuos en el desarrollo económico sostenible, el progreso social, el desarrollo humano, la protección del ambiente y la transición energética, entre muchas otras cosas.

Noruega es uno de estos países exitosos cuyas políticas se rechazan aquí. Los estudios demuestran que, entre otras cosas, este país es uno de los líderes mundiales en materia de mitigación de gases de efecto invernadero (incluyendo un amplio desarrollo de la movilidad eléctrica pública y privada multimodal con electricidad de bajo costo).

Los estudios demuestran que este país tiene la segunda mejor arquitectura energética del mundo, la cual es el resultado de la incorporación de todos los factores relevantes de sostenibilidad ambiental, de seguridad energética, de competitividad energética y del grado en que esta arquitectura beneficia el desarrollo del país.

También es líder mundial en la adaptación al cambio climático, ocupando en 2017 el primer lugar en el Ranking Mundial de Adaptación al Cambio Climático. Un reporte publicado por la Revista Conciencia Eco indica que “Noruega encabeza la tabla (de países mejor adaptados al cambio climático) y que lo ha hecho desde que fuera publicado el primer índice hace 20 años”.

La producción sostenible y exportación de gas natural y petróleo le permite a Noruega no solamente satisfacer todas sus necesidades actuales y futuras (económicas, sociales y ambientales) y mantener simultáneamente un importante superávit fiscal, sino que los excedentes fiscales de esta actividad se colocan en un Fondo Soberano de Riqueza (“Sovereign Wealth Fund”), propiedad del Estado, lo que apoya de manera suplementaria el progreso, la prosperidad y el bienestar de las actuales y las futuras generaciones.

La utilización del principal de este Fondo de recursos fiscales, el cual crece continuamente, está prohibida por ley y el Estado solo puede usar los réditos que se generan, lo que asegura la disponibilidad de grandes cantidades de recursos fiscales a perpetuidad.

Es importante señalar igualmente que los ingresos obtenidos por el Estado de los réditos del Fondo son hoy en día superiores a los ingresos fiscales obtenidos por su producción sostenible y exportación de gas natural y petróleo.

De esta manera los excedentes de los recursos fiscales obtenidos sosteniblemente de su riqueza gasífera y petrolera son así también continuamente aumentados en la superficie mediante mecanismos financieros exitosos.

La evidencia en muchos países exitosos es contundente en demostrar que todo lo anterior potencia la riqueza nacional, el desarrollo económico, el fortalecimiento fiscal, el progreso social y la protección del ambiente (incluyendo la lucha contra el cambio climático y la transición energética).

Los dogmas sin estudios técnicos y económicos de algunos en Costa Rica que rechazan las políticas de muchos países exitosos mantienen al país sin recursos, lo que limita fuertemente el desarrollo. Esto se traduce, entre muchas otras cosas, en la falta de avance en la mitigación de gases de efecto invernadero (y de otros gases) y en la adaptación al cambio climático.


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