Miguel Angel Rodríguez

Miguel Angel Rodríguez

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Lunes 12 Marzo, 2018

Costa Rica ante una posible guerra comercial mundial

La decisión del Sr. presidente Trump de imponer aranceles de importación al acero y a aluminio, puede ser el origen de represalias de otras naciones imponiendo a su vez tarifas arancelarias a exportaciones de Estados Unidos y podría así generar una guerra comercial internacional.

En 1930 los también republicanos senador Reed Smoot y representante Willis C. Hawley introdujeron la ley que lleva su nombre (Smoot–Hawley Tariff Act) que elevó los aranceles de importación de Estados Unidos y los llevó a ser los segundos más altos de la historia de ese país (ligeramente inferiores a los aranceles de 1828). Lo hicieron para “proteger” su producción doméstica ante el gran desempleo causado por la Gran Depresión. Los socios comerciales de Estados Unidos en represalia también elevaron los impuestos a las exportaciones de ese origen. El resultado fue que durante esa crisis se redujeron a la mitad las exportaciones de Estados Unidos, y el desempleo en vez de disminuir, se agravó.



Ahora no se vive una crisis en Estados Unidos y el desempleo es más bien muy bajo comparado con sus niveles históricos (para febrero de este año se acaba de anunciar que es de solo un 4,1% y la población económicamente activa creció en un 0,3%). Ciertamente se puede siempre argumentar que no se generan todos los empleos de calidad queridos y que el incremento de los salarios para las posiciones operativas ha sido muy poco después de las crisis de 2008, pero se está muy lejos de que Estados Unidos sufra un problema de desempleo.

Por otra parte, la disminución de impuestos promovida por el presidente Trump aumentará el déficit fiscal de ese país, y disminuirá el nivel de ahorro doméstico, lo cual significa que el déficit comercial de Estados Unidos aumentará. Con menos ahorro doméstico se incrementará el flujo de ahorro externo hacia esa nación que financiará un mayor déficit comercial.

De esta manera una guerra tarifaria disminuiría las importaciones y las exportaciones dejando siempre una brecha comercial por lo que no se cumpliría el objetivo del presidente Trump de disminuirla. Pero sí se causaría un grave deterioro a las corrientes de comercio internacional, que, desde la Gran Recesión, hasta el año pasado volvieron a crecer más que la producción mundial.

Costa Rica es un país muy pequeño, que para poder especializar su producción y producir una mayor canasta de bienes depende de su comercio exterior. Solo con un mayor nivel de producción podemos comprar un mayor consumo, tanto de producción local como externa, y por eso de esa mayor producción depende nuestro nivel de bienestar.

Una guerra comercial entre Estados Unidos, China y Europa podría, en consecuencia, afectarnos muy negativamente. Las economías pequeñas son las que podrían sufrir más en esas circunstancias. Pero, también por nuestra pequeñez, en medio de una contracción del comercio mundial, el nuestro más bien podría crecer.

Para ello nuestra estrategia debe ser asegurarnos desde ahora el acceso a la mayor cantidad de mercados en los mejores términos posibles.

Por ello, insisto una vez más, urge y es de enorme importancia para Costa Rica acelerar su incorporación a la OCDE, a la Alianza del Pacífico, e incluso al Acuerdo Transpacífico de Asociación (TPP) que ante la posición de la actual administración de Estados Unidos de no seguir en esa negociación, los otros 11 países integrantes tratan de terminar de establecer. Así fortaleceríamos nuestra seguridad de intercambio comercial y promoveríamos nuestro bienestar.