Federico Malavassi

Federico Malavassi

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Jueves 25 Febrero, 2016

 Un sector público tan pesado, irracional, tramitómano, excesivo, abusivo, lleno de gollerías y privilegios espanta la inversión y desestimula el emprendurismo

¿Conviene aprobar más impuestos?

Es un hecho demostrado: cuando la economía crece, entonces la recaudación de impuestos también crece. La cuestión es que el Estado también se acostumbra a aumentar su gasto.
Y el asunto es más perverso de lo que parece, porque el gasto público alto acelera los disparadores y no implica más ni mejores servicios, tampoco significa inversión pública. Sencillamente el Estado come más y punto.
De manera que si cuando llueve todos se mojan, debería ser un hecho que cuando no llueve todos se secan. Sin embargo, el Estado considera sagrado su gasto. En cambio, no considera importante el efecto que causa en la economía el exceso de gasto público. Por supuesto que cuando están así las cosas será inútil, ocioso y frustrante tratar el tema de la calidad del gasto. Las autoridades del sector público no aceptan esta discusión.
El hecho básico es que la recaudación aumenta conforme aumenta la economía. Ello implica que el mejor negocio para todos es que la economía crezca adecuadamente: más dinero en la bolsa de la gente, más empleos, mejores cotizaciones y, además, mejor recaudación.
Por otro lado, es un hecho que la imagen de un Estado gastón, inútil, angurriento y torpe espanta a las empresas, desestimula la economía y complica la existencia del sector privado, impidiendo además que la economía crezca.
En estas circunstancias, es obvio que el deseo de aumentar la recaudación fiscal es admitir que se quiere una porción más grande de un pastel más pequeño. Las señales que se dan al mundo es que el Estado quiere más y, por ende, no sirve invertir en una economía secuestrada, complicada y que está amenazada.
Además, el gasto público creciente es una torpeza en sí mismo, una violación de principios constitucionales, una evidencia de mala administración y un vicio. Arreglar esta transgresión jurídica con más impuestos es darle un premio a quien ha actuado mal.
Por ello, es imprescindible emprender primero la tarea de racionalizar el Estado y su gasto. No se le puede dar más dinero a esta irracionalidad. No vemos que la tarea de racionalizar el Estado y el gasto se haya iniciado con consistencia, se haya iniciado con buen impulso o siquiera se haya iniciado. No existe indicio alguno.
Esta irracionalidad es causa directa de la falta de crecimiento de nuestra economía. Un sector público tan pesado, irracional, tramitómano, excesivo, abusivo, lleno de gollerías y privilegios espanta la inversión y desestimula el emprendurismo. No es casualidad que el desempleo esté creciendo. Los que están en el sector público están cómodos y ganando bien, en cambio en el sector privado la cosa está fea.
Por todo ello es inconveniente aprobar paquetes tributarios, aumento en los impuestos y nuevos impuestos. No se le puede dar más a quien lo hace mal. Primero, propósito de enmienda y reconocimiento de los errores; segundo, planes concretos para racionalizar el Estado y el gasto público; tercero, evaluar si aún así habría que aprobar impuestos (lo cual sería complicado si la economía no crece).
 

Federico Malavassi