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COLUMNISTAS


Contribuciones al estudio Denton-ológico del Viajero Frecuente

Tomas Nassar [email protected] | Jueves 20 enero, 2011



Vericuetos
Contribuciones al estudio Denton-ológico del Viajero Frecuente


En su columna de ayer, don Carlos Denton hace un recorrido sobre la vida y costumbres de ese personaje tan singular, desconocido y aislado en su propio mundo, que es el viajero frecuente (VF).
Aunque Denton no intenta ex profeso la ubicación conceptual del sujeto, se deduce claramente de su investigación que se trata de quien, voluntaria o compulsivamente, deja discurrir su vida en solitario, entre dos o más puntos de un universo geográfico predeterminado (destinos), en un periodo de tiempo generalmente reducido, e intentando optimizar su experiencia mediante conductas atípicas.
Es decir: el pobre o la pobre director (a), funcionario (a), empleado (a) o consultor (a) de una empresa normalmente transnacional, quien por razones de su brete (que en este caso es más o menos como un trabajo pero diferente) tiene que viajar consuetudinariamente, es decir, todas las semanas.
Haciendo una aproximación a la figura descrita por Denton, el subyugado en cuestión viaja, en este caso, entre las ciudades de Centroamérica, de lunes en la madrugada a viernes en la noche, siguiendo una rutina de visitas de negocios y actuando de manera completamente distinta a la usual del resto de los pasajeros del avión que, como él, no son viajeros frecuentes de negocios.
Contrariamente a quien no pertenece a esta categoría, el VF tiene, como dijo Denton, y como hemos reseñado arriba, un comportamiento no lineal, es decir, absolutamente asimétrico: “prechequea” 24 horas antes de la ETD (estimated time of departure), llega al aeropuerto minutos antes de que se cierre el vuelo, es conocido y bromea con los empleados del “counter” de la aerolínea, tiene una colección de impuestos de salida en su escritorio pagados de antemano. El (ella) conoce a la perfección la distribución de los asientos del avión de manera que los discrimina con respecto a la capacidad de trabajar y enchufar la compu; y, sabe qué filas escogen la opción de comida primero, por lo que evita la fila tres (que además no reclina).
El VF desarrolla una destreza casi artística para comportarse con el (la) del counter. Sabe que tiene que causar una impresión de simpatía por lo que es muy amable en el saludo y, producto de cientos de prácticas frente al espejo y en vivo, desarrolla con gran maestría la habilidad para pedir/recibir un “up-grade” a clase ejecutiva, beneficio de valor incalculable cuando se es VF. Sabe, sin embargo, mantener la serenidad cuando se le niega el ascenso y asume estoicamente la asignación del “25 bravo”, una de las peores cosas que le puede suceder a un VF/ser humano.
El tipo (la tipa) saluda con gran cordialidad a los tripulantes de cabina, a quienes probablemente ve más que a su propia mamá, conoce los nombres de los pilotos y, por supuesto, es completamente familiar con los otros VF’s diseminados (como él/ella) por la misma cabina, que también siguieron su mismo patrón de conducta, sobre todo en el proceso de pulsear un campito libre en la clase ejecutiva.
No voy a ahondar, por supuesto, en como exhiben con gran vanidad el “boarding pass” cuando muestra la letra C, ni en como lo ocultan, al despiste si, por el contrario, tiene estampada la fatídica Y, muestra inequívoca de fracaso en el punteo y, probablemente, insuficiencia en el millaje acumulado, todo un tema que llega a cambiar la vida del VF, pero sobre el cual, si ustedes y Denton me lo permiten, hablaremos en otra ocasión porque se me acabaron los caracteres disponibles para hoy.

Tomás Nassar