Mónica Araya

Mónica Araya

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Martes 20 Octubre, 2015

El 1% es más rico que el resto del mundo, pero incluso ellos no son felices

Contradicciones

Muchos expertos dicen que esta es la era en la que más hemos crecido como seres humanos. El avance tecnológico de los últimos años no tiene precedente en la historia de la humanidad. Al igual que la edad de piedra, edad de hierro y el espacio, la era digital, dice mucho acerca de nuestros artefactos, pero poco sobre la sociedad.
¿Qué cambio social marca nuestra época de las que le preceden? Para mí es evidente. Esta es la era de la soledad.
Fuimos creados como seres sociales, estamos formados, en mayor grado que casi cualquier otra especie, por el contacto con los demás. Sin embargo, la era que estamos creando es diferente a cualquiera anterior.
Una ideología que niega la vida, que hace cumplir y celebra nuestro aislamiento social. La guerra de todos contra todos —la competencia, el individualismo, el éxito y el dinero en otras palabras— es la religión de nuestro tiempo, justificada por una mitología de llaneros solitarios, empresarios individuales, personas con iniciativa, hombres hechos para sí mismos y mujeres, ir por sí solas.
Las amazonas, que no necesitan a un hombre para procrear un hijo. Para el ser más social de las criaturas, que no puede prosperar sin amor; le enseñamos desde niños a que no importa la familia o la sociedad o la comunidad. Solo el individualismo heroico. Lo que cuenta es ganar. El resto es un daño colateral.
Un estudio del Gobierno inglés reveló que los niños “solo quieren ser ricos”: la riqueza y la fama son las únicas ambiciones del 40% de los encuestados.
Este estudio reveló que Gran Bretaña es la capital de la soledad de Europa. Están a menos probabilidades que otros europeos de tener amigos o al menos conocer a sus vecinos. ¿Le sorprenden estos datos?
Hemos cambiado nuestro lenguaje para reflejar este cambio. Nuestro insulto más avanzado es “perdedor” o etiquetarlo con una ideología. Ya no hablamos de personas. Ahora los llamamos individuos.
Uno de los trágicos resultados de la soledad es que la gente acude a sus televisores para consuelo. Esta automedicación agrava la enfermedad.
Las investigaciones realizadas por los economistas de la Universidad de Milán sugieren que la televisión ayuda a impulsar la aspiración competitiva.
Entonces, ¿cuál es el punto? ¿Qué ganamos de esta guerra de todos contra todos? La competencia impulsa el crecimiento, pero el crecimiento ya no nos hace felices.
El 1% es más rico que el resto del mundo, pero incluso ellos no son felices.
Una encuesta realizada por la Universidad de Boston de las personas con un patrimonio neto promedio de $78 m encontró que ellos también fueron atacados por la ansiedad, la insatisfacción y la soledad.
Muchos de ellos dijeron sentirse financieramente inseguros: para llegar a terreno seguro, creían que necesitarían, en promedio, alrededor de un 25% más de dinero.
Hay dos reglas de oro que olvidamos fácilmente: Amar a Dios primero que nada o nadie y a mi prójimo como a mí mismo.
Estos principios no se reflejan para nada en todo lo que se impulsa en esta época de conexiones digitales pero desiertos espirituales y existenciales profundos.

Mónica Araya