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Lunes 4 Septiembre, 2017

Consciencia Política, elecciones y déficit fiscal


La última semana leí dos libros completamente exógenos al tema político. Me quedé con dos frases: “uno es víctima de su propio éxito” y  “uno es el resultado de sus propias reglas, la mayoría son subconscientes”. Las frases pueden extrapolarse a temas diversos, pero en este caso voy a aprovechar la experiencia y envolverla alrededor de política, en un contexto de anuncio del déficit fiscal y las elecciones. No voy a entrar en detalles de ninguno de los temas anteriores. Habiendo dicho eso, creo que los temas políticos se han vuelto completamente ajenos a la realidad de quienes vivimos los procesos. Las elecciones se vuelven el chinamo de cada cuatro años, nos gustan los chismes de los últimos meses y después es una sorpresa que el país esté en una situación de insolvencia, que la calificación de riesgo baje y que el churuco de una situación que implica “sangre” de los estratos sociales, posiblemente, más laboriosos y necesitados, renazca finalizando el periodo de gobierno.

Ottón Solís se refirió al tema del déficit incontables veces; en campaña, en debates, en televisión nacional e inclusive permaneciendo al margen de un partido que construyó y que ahora es básicamente casa de dos corrientes. Creo que para las elecciones de 2006 y luego en 2010, era el político mejor preparado de este país. Claramente, en estos dos escenarios, hizo mucho más ruido la reelección de un premio Nobel de la paz y la noticia, sin afán de restarle importancia, de tener una mujer en la Presidencia.



Somos tan responsables de nuestra situación como quienes nos lideran. En primer lugar somos quienes los escogemos y en segundo lugar somos quienes nos aferramos a colores, banderas, trapos sucios, y una que otra retahíla, que levanten el espíritu costarricense, para tomar una decisión tan importante como la elección del gobernante de nuestro país. Más allá de eso, el cuento de “en campaña era una cosa y en el gobierno fue otra” es solo una herramienta para excusar nuestra falta de involucramiento y ni nos damos cuenta de que lo hacemos. Es por eso que nos volvemos víctimas de nuestras propias reglas, de ideas que nos venden años de tradición familiar y opiniones creadas por personas que no han tenido suerte, no se han esforzado suficiente o todo lo contrario y  sin embargo, necesitan depositar culpas en alguien más buscando independencia de cualquier tipo de responsabilidad.

Durante algunos meses la política se pone mejor que el torneo nacional de futbol, todos nos ponemos una camiseta y nos casamos con equipos. Es el mismo efecto del amigo “pancista” que de repente va con el Barcelona porque se puso de moda y ni siquiera está seguro de quien juega ahí. Empezamos a escuchar lo que otros creen haber escuchado, nos arriamos entre “verdades” que estamos lejos de realmente conocer e intentamos sentirnos parte de un juego que tenemos que ganar. Es mucho más consciente arrastrar una foto a la derecha, mandar un mensaje y tener una salida de Tinder… En fin, es ahí cuando creemos que ganamos, celebramos la elección y al día siguiente se nos olvida. Cuatro años después estamos culpando al candidato, al partido político y no nos damos cuenta de que nosotros fuimos, en primer lugar, quienes generamos esto. Somos víctimas de nuestro propio éxito.

Puede ser que sea un poco contradictoria la referencia de Ottón con lo que acabo de escribir o incluso peor afirmar que soy fanático del Real Madrid; pero en general las personas deberíamos ser más conscientes de las decisiones políticas que tomamos. El chinamo que vivimos cada cuatro años tiene mayores consecuencias de las que creemos. Cuando gastamos mucho, cobramos poco y la deuda es cara, se pone en juego no solo la situación económica de familias esforzadas, sino también la dinámica social en que vivimos.

Eduardo Viloria Valverde – Analista Financiero