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Recibe Miguel Angel Agüero “Machaco” premio a la Libertad de Expresión
“Como un carajillo de 35”

A sus 78 años asegura tener la energía para seguir escribiendo La Machaca, hasta que “Dios quiera”


¿Puede un solo premio describir la vida de un hombre convertido en institución del periodismo? ¿Puede, un solo momento en la vida, resumir casi 24 años de historias de humor y crítica impresas en un diario?
Un tic tic incansable se escucha en el centro de la redacción de LA REPUBLICA.
Las palabras discurren entre los dedos como tenues manantiales de experiencia y sabiduría, que en un abrir y cerrar de ojos dejan su aparente calma para convertirse en intempestivas correntadas… otro ministro, otro presidente, otro párrafo que se cierra con una crítica ácida.
Las cosas han cambiado, también los personajes, pero las historias son a veces las mismas. “Noticias clisé” fue como las bautizó Miguel Angel Agüero en algún momento, desde que un 12 de enero de 1989 se sentó por primera vez a construir las bases de un nuevo tipo de periodismo.
Ya dejó de usar aquella vieja máquina de escribir con la cual dio vida a su personaje: La Machaca —porque pica muy agudo—, explica de inmediato cuando alguien le pregunta. Aunque la historia a veces no es completa, y obvia el remedio para sobrevivir a su picadura.
Sí, hay más tecnología. El tic tic es ahora el de un teclado que recién estrena, y entre párrafo y párrafo —entre ministro y ministro— alguna que otra llamada ingresa a su iPhone. —¡El teclado escribe solo!—, exclama a veces… Pero tanta post-modernidad no ha resuelto todos los problemas del país, por eso —dice— sigue escribiendo.
La Medalla a la Libertad de Expresión que hoy recibe, es el primer premio que obtiene en sus 78 años de vida. Ha sido larga la espera para alguien que asegura sentirse como un “carajillo de 35”, pero no hay mejor momento, a poco tiempo de celebrar las Bodas de Plata.
¿A quién ha picado más la Machaca? A todos los presidentes. Son sus favoritos! El principal, Rodrigo Carazo, quien fue el que más “material” le dio, debido a la crisis del momento.
Y de los presidentes, ¿el que más reclamaba? “Miguel Angel Rodríguez, todo lo reclamaba”, asegura.
¿Enemigos? “Ninguno, por lo menos no que lo supiera. Por ejemplo, a don Abel (Pacheco) lo molesté, pero sé que ahora me tiene en gran estima”.
Su pluma —ahora convertida en teclas— no es un texto espurio o malintencionado. Detrás de un rostro saludado por el tiempo, solo se esconden las buenas intenciones de construir con sus palabras un futuro mejor para los que vienen.
Por eso, con una buena frase, con una sola metáfora, es capaz de decir más verdades y remover más piedras que las más “higadientas” columnas de opinión que puedan escribirse en el país.
Tic tic… tic tic… es casi hora de cierre. Llega Tano, su entrañable amigo, colega, compañero, confidente, casi coetáneo, a recordarle lo bien o mal que va su equipo Saprissa. Ese Saprissa que tantas fotos de un sujeto con bolsa de papel en la cabeza lo obligó a sacar en la Machaca, ese mismo al cual una vez ayudó a iniciar la construcción del Estadio.
Se arma la tertulia. Los ministros descansan, pues el tema ahora es fútbol…
Fútbol, política, religión… los problemas son los mismos, y en cuanto acaba el café de la tarde, los últimos tic tic vuelven a resonar orgullosos de nacer hoy, florecer mañana y vivir por siempre.

Luis Valverde
[email protected]

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