Marcello Pignataro

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Lunes 1 Septiembre, 2008

Cómo cuesta

Marcello Pignataro
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Eventos recientes en nuestro querido país me motivan a escribir esta columna. Y es que, de verdad, ¡cómo cuesta lograr algo en Costa Rica!
Aparte del análisis que ha hecho un medio escrito en días recientes, comparando los niveles de burocracia, avance y desarrollo entre Costa Rica y Panamá, nos sobran ejemplos de lo dañina que ha resultado la burocracia —o exceso de ella— en el país, así como lo nocivo que resulta andar pidiéndole la opinión a todo el mundo para hacer tal o cual ley, proceso, procedimiento, reglamento, etcétera.
Las famosas y utilísimas rutas intersectoriales, que mucho contribuirían al ahorro personal de la gente y a descongestionar el centro de la capital, duermen el sueño de los justos. Primero la apelación, luego el fallo del Tribunal y ahora la omnipotente Sala Cuarta dictaminando que el procedimiento de adjudicación de rutas no fue correcto. Aquí fallaron todas las partes: los que redactaron la licitación, los que participaron, los que revisaron, los que aprobaron y los que apelaron. ¿Perjudicados? Los usuarios de las líneas.
Los dueños de los autobuses, efectivamente, tienen una gran cantidad de personal y equipo ocioso, pero las posibilidades de que verdaderamente pierdan son ínfimas en comparación con el daño que se ha hecho.
En este país todo mundo tiene que opinar de todo, aunque nadie pida sus opiniones. Que si la carretera a Caldera mide tres metros más o tres metros menos de la distancia total. Que si el préstamo de los US$850 millones se va a utilizar solo en infraestructura, en guitarristas, en pensiones alimenticias o en fogueos para la Sele.
Ya ni el entrenador de la Sele tiene tranquilidad. Si convoca a Ledezma la prensa lo cuestiona. Si se trae a Scott desde China y no lo pone a jugar, también. ¡Déjenlo trabajar! El es el responsable de llevar las riendas del equipo de todos y, como dije en una columna anterior, de todos nosotros serán los triunfos pero solo de él serán las derrotas —lamentablemente así es: “El éxito tiene muchos padres; el fracaso es huérfano”, reza el refrán.
Estoy de acuerdo con que los controles son importantes y hasta esenciales, pero no los hagamos llegar hasta el punto del entrabamiento. Este país no camina por más buenas intenciones que tenga una mayoría: la obstrucción de las minorías puede más. Es cuestión de ver la Asamblea Legislativa y lo que costó pasar la Agenda Complementaria del TLC por un partido en particular.
Las apelaciones constantes ante la Contraloría no han permitido ni siquiera talar los benditos árboles que pasan frente a —qué curioso— la Contraloría y ampliar ese pedacito de calle por lo menos en un carril. Igual ocurre con puentes, condominios, aceras, estadios, aeropuertos y demás.
El atraso de Costa Rica no está en la complejidad, discrepancia, confusión y antigüedad de sus leyes. El problema está en la mentalidad cortoplacista que no permite pensar o analizar proyectos más allá de los cuatro años del gobierno de turno. Y cuando, por obra y gracia, aparece la oportunidad de generar un proyecto de inversión a 15 ó 20 años, al carajo los pastores porque ese será el tiempo que, más bien, dure su discusión.