Juan Manuel Villasuso

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Martes 7 Octubre, 2008

Comentarios de actualidad

Dialéctica

Juan Manuel Villasuso

Hoy se cumple un año del referéndum. Han transcurrido 12 meses desde que los costarricenses acudimos a las urnas para decidir sobre el TLC. En los anales de Costa Rica están grabados los hechos y las palabras. La historia registra las falsedades y engaños que se dijeron. Esas mentiras no pasarán inadvertidas para las generaciones futuras.
También queda constancia de los miles de costarricenses que de manera espontánea participaron en ese trascendental episodio y de los que fueron obligados, con amenazas y calumnias, a emitir el sufragio y hoy se percatan de que fueron amedrentados y utilizados por quienes anteponen sus intereses personales a los del país.


Una pregunta me asalta en este aniversario. ¿Cuál habría sido el resultado del referéndum si las cosas que se ocultaron y que hoy conocemos se hubieran divulgado un año atrás; si los costarricenses hubieran tenido verdadera conciencia del contenido de las leyes de implementación impuestas por el Tratado; y si la verdad en cuanto a propiedad intelectual, empresas textileras, certificación de Estados Unidos y prórroga de los plazos se hubiera difundido a cabalidad?

En los últimos meses la economía costarricense se ha deteriorado. Las vacas flacas ya están aquí. Aquel hato gordo y saludable del que el gobierno se ufanaba y lo atribuía a su extraordinaria gestión, ya no es ni la sombra de lo que fue. La inflación prometida del 8% es casi el doble, las tasas de interés se dispararon y ya superan el 10% (difícil panorama para quienes se endeudaron hace pocos meses cuando el Banco Central las redujo al 4%), y las exportaciones crecen lentamente.
Pero lo más grave es que este deterioro de la economía afecta más a los más pobres. Hasta el presidente Arias, curándose en salud, reconoce que la pobreza aumentará este año. La reducción de 2007 resultó ser un fuego fatuo que sirvió para deslumbrar, pero la jarana salió a la cara. Los programas para aliviar la pobreza se han quedado en el papel y los dineros en las arcas del gobierno. La Contraloría lo ha dicho de manera clara y contundente.
Ante este oscuro panorama el gobierno no propone ninguna solución. Su tiempo se acaba, la politiquería en la esfera oficial ya comenzó y no vemos ni planes ni programas para ayudar a los agricultores cuyos insumos aumentan cada día, para contener los incrementos en la canasta básica, para enfrentar el problema energético, para mejorar la seguridad ciudadana y para ayudar a las familias de menores ingresos. El gobierno sigue a la deriva interesado solo en aprobar un TLC cuyas desventajas cada día son más evidentes.

En Estados Unidos las cosas se perciben graves. El sistema financiero está a punto de colapsar y los políticos decidieron inyectarle más de $700 mil millones para tratar de mantener a flote instituciones financieras que de otra manera quebrarían y generarían una crisis de dimensiones incalculables. Sin embargo, el plan de rescate ha sido ampliamente criticado y los resultados positivos esperados no son compartidos por muchos economistas.
Lo que sí es evidente es que los problemas del sector financiero se están transmitiendo con gran velocidad a la economía real. La reducción del crédito ya está afectando la producción, el consumo, la inversión y el empleo. Esto se reflejará en una mayor contracción de la economía norteamericana, lo que repercutirá en otros países, entre ellos Costa Rica. ¿Hay alguna propuesta de la Administración Arias para enfrentar esta situación? La respuesta es negativa.