Cocinero que alimenta…
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Cuando nacemos, nuestras madres, por puro instinto, realizan uno de los actos más importantes, básicos y trascendentales de amor: alimentarnos.

Este acto determina nuestra salud, nuestra conciencia en torno al respeto, a la apreciación de la comida y en cómo compartiremos este acto con nuestros hijos.

Es fundamental nuestra manera de entender la comida por infinitas razones pero, sobre todo, es importante entenderlo para quienes nos dedicamos a alimentar como profesión.

Cuando elegimos este oficio, desde el ángulo y la posición que sea (en mi caso como empresario y educador) pero, sobre todo, como cocineros, debemos entender la responsabilidad que tenemos con nuestros clientes.

Hoy, se dice que la cocina es un arte y una pasión. Eso está muy bien, la palabra arte, en esto, suena muy hermosa, “cool” y hasta nos puede nutrir un poco el ego al declararnos o al buscar ser artistas, pero, antes, entendamos qué hacemos y qué es lo verdaderamente importante de esta honorable profesión.

Cuando cocinamos, alimentamos la salud de las personas con la responsabilidad que damos a los ingredientes que elegimos, a la forma en cómo los procesamos y al porqué los procesamos.

Alimentamos el ocio de nuestros clientes cuando les damos el valor que merecen por este tiempo tan preciado por todos, tan necesario para nuestra mente y que, bajo ninguna circunstancia, debemos estropearlo con un mal servicio o un simple menosprecio (de tipo “este comensal es más importante que este otro”).

Alimentamos reencuentros, reuniones familiares, de amigos, de viejos conocidos, citas románticas... que se unen alrededor de una mesa, como excusa para compartir la humanidad y el alma. Alimentamos la sanación de quienes requieren una dieta especial. Alimentamos decisiones de negocios que afectan la vida y economía de miles de familias que dependen de una buena negociación que se debe dar alrededor de una cena o almuerzo.

En fin, honremos, como debe ser, esta gran responsabilidad de alimentar, elegida como estilo de vida, y hagámoslo por las razones correctas. Así, seremos algo más que artistas, porque nuestra profesión la ejecutamos para quien se sienta en nuestras mesas, no para nosotros, pues no se trata de nosotros, se trata de ellos.


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