Alberto Cañas

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Sábado 1 Junio, 2013

Surge un caso como el que provoca estas líneas, y recupera uno la fe en su país, en sus compatriotas (claro, no en todos) y en sus instituciones. Hay que felicitar al Crédito Agrícola, a sus personeros, directores y gerentes


CHISPORROTEOS

No deja de ser altamente satisfactorio enterarse de que el Banco Crédito Agrícola de Cartago (copio de La Nación) “aceptó transferir $ 12 millones al Hellenic Bank Limited en Chipre, a finales del 2011, para que las autoridades pillaran a la red responsable del mayor lavado de dinero del mundo”.

Ya hay siete individuos presos, y el hecho ha tenido naturalmente repercusión mundial. Hay que felicitar al Crédito Agrícola, hay que felicitar a sus personeros, directores y gerentes, por haber aceptado la negociación, planteada concretamente al más pequeño de los bancos nacionales de Costa Rica, y —posiblemente deben de haber creído los que propusieron la operación— el más inocente y menos enterado de los procesos monetarios mundiales.

Se equivocaron, como decía Aquileo, “de medio a medio”.

En esta época tan corrompida, en la cual todo lo que lleve siquiera las iniciales CR lamentablemente se presume corrupto, debe satisfacernos esta conducta del Crédito Agrícola, que merece la felicitación de todos los que aún queremos a este país.

La corrupción se siente y se huele por todas partes. Todo es sospechoso y todos somos sospechosos, y en esto ha parado nuestra antaño prestigiosa y honorable república, ejemplo de América, decían, y ejemplo del mundo agregábamos aquí todos nosotros.

Pero surge un caso como el que provoca estas líneas, y recupera uno la fe en su país, en sus compatriotas (claro, no en todos) y en sus instituciones. No todo está corrompido. Dan ganas de pensar que lo que está corrompido es una porción minoritaria de nuestras instituciones funcionarios y ciudadanos.

Por eso, felicitar al Crédito Agrícola no es suficiente. Debemos felicitarnos todos, los unos a los otros de que nuestra Costa Rica posee todavía instituciones públicas del calibre de ese banco, el más pequeño de los bancos nacionales, pero abanderado ahora del prestigio nacional.

Alberto F. Cañas