Alberto Cañas

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Miércoles 15 Mayo, 2013

Nada habría llenado a este columnista de satisfacción mayor que poder aprobar la labor de gobierno de la señora Chinchilla. Pero los consejeros que tiene no comparten mis puntos de vista y aprueban hasta que se suba en un avión privado para asistir a una boda en Lima


CHISPORROTEOS

No creo que Costa Rica haya tenido gobernante más amigo de viajar que nuestra actual presidente. Es lamentable que por más esfuerzos que el gobierno hace no logra convencer a nadie de que sus viajes sean algo más que protocolares, sin que de ninguno de ellos emerja una idea o un programa que pueda ser de utilidad para el país.


Y eso sin que se sepa cuál es el costo que para el país tienen esos viajes, que la han llevado por todas partes del globo terráqueo, con excepción, hasta hoy, del Ártico y la Antártida.


Todos los gobernantes del mundo viajan. Continuamente hay conferencias, reuniones a las que deben asistir, porque son reuniones de gobernantes. Pero hacerse presente en una misa del Papa no parece ser otra cosa que un deseo muy íntimo de conservar en su fuero interno la presidente de Costa Rica que asistió a una misa del papa y nada más.

Sobre todo pensemos que, como es natural e inevitable, la presidente no viaja sola. La acompaña una comitiva no digamos muy grande, pero una comitiva.

A veces me hago examen de conciencia y reafirmo mi simpatía personal por la señora Chinchilla, y mi deseo de que acierte. Pero no puedo menos que desaprobar, como consta, multitud de actos y decisiones suyas que no responden a ningún interés nacional, y que me han convertido, lo admito, en un opositor a su gobierno. Extraño caso; un opositor simpatizante.
Nada habría llenado a este columnista de satisfacción mayor que poder aprobar la labor de gobierno de la señora Chinchilla. Pero, francamente los consejeros que tiene no comparten mis puntos de vista y aprueban hasta que se suba en un avión privado para asistir a una boda en Lima.


No puede la señora presidente aspirar a que uno le aplauda cosas tan raras y tan fuera del ámbito del interés nacional. No he puesto en duda ni su honorabilidad ni la bondad de intención con que gobierna. Pero su conducta digamos social no es reflejo de una seria conducta política.

Alberto F. Cañas