Alberto Cañas

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Miércoles 8 Mayo, 2013

El asesinato de presidentes es, en los Estados Unidos, un acontecimiento tan frecuente como el cuartelazo en el resto del hemisferio


CHISPORROTEOS


La visita del presidente norteamericano Barack Obama, que vino aquí a reunirse con sus colegas centroamericanos y dominicanos, fue un acontecimiento importante, pero también un suceso con interés anecdótico, dadas las medidas de seguridad que adopta y solicita el gobierno de los Estados Unidos cuando su jefe viaja, pues no debemos olvidar que el asesinato de presidentes es, en los Estados Unidos, un acontecimiento tan frecuente como el cuartelazo en el resto del hemisferio. Las dos Américas están muy claramente definidas por esa frecuencia.

Pero una medida tan estricta como el cierre de la autopista General Cañas resultó nula cuando se vio que los ciudadanos costarricenses lograron atravesar cables, potreros o lo que fuere e instalarse, con mujeres y niños a ambos lados de la pista para ver pasar y saludar con la mano al gobernante estadounidense. No sé si alguien irá a resarcir a los comerciantes de la Avenida Segunda de las pérdidas que sufrieron cuando esa vía también fue cerrada al trafico incluso peatonal, a pesar de que Obama se desvió y sin pasar por allí se fue directamente al hotel donde se hospedaría.

Hay en todo lo que ocurrió durante esas horas en que el gobernante norteamericano se sintió seguro aquí, un detalle que vale la pena comentar, porque nos pinta, nos dibuja, nos define y casi que nos caricaturiza. Y fue la decisión de ofrecer un banquete a los presidentes visitantes, en el foyer del Teatro Nacional.
Un banquete allí, necesariamente, tuvo que ser de comida fría, porque en el teatro no se puede cocinar ni en su foyer servir comida caliente. Pero eso no tiene importancia, ante la cancelación que tuvieron que hacer de un concierto de la Orquesta Sinfónica Nacional con un gran violinista ruso.
Algo hubo que hacer con la gente que había comprado localidades (o pagado abonos) para ese concierto, que fue súbitamente suspendido. Me cuentan que les dieron entradas para lo que habría sido la repetición del concierto el domingo por la mañana, si es que cupieron, pues para el concierto dominical siempre está el teatro casi totalmente vendido. Y al violinista, contratado para dos conciertos pagarle los dos aunque solo llevó a cabo uno, brillantemente por cierto.

El hecho es que un concierto regular de un teatro hubo de cancelarse para que se celebrara en el teatro un banquete. Algún día alguien escribirá una novela humorística sobre un restaurante josefino que se ve obligado a no aceptar comensales una noche porque en su comedor va a tener lugar un recital de música clásica.

Ya estamos los ticos acostumbrados a cosas como ésta, pero ya va siendo hora de que reaccionemos, y de que tengamos un sitio donde recibir con un banquete a las personalidades políticas que nos visitan. Y ese sitio, por supuesto no puede ser el hermoso foyer del teatro. Lo lógico es que esté en la Casa Amarilla, cuya sala principal es fácil habilitarla para los comensales de un banquete, y edificio en el cual puede cocinarse sin que se dañe ningún óleo, lo que se ha demostrado con la gran cantidad de cosas que en él se han cocinado.

Sin embargo debe haber una solución más permanente, Aceptemos los costarricenses que el edificio donde está situada hoy la Presidencia va a tener ese destino por lo menos durante los próximos cien años. Podría pensarse en construir dentro de él un comedor apropiado. Pero hay una idea mejor. En el terreno donde hoy esta la Presidencia hay espacio más que suficiente para construirle al Presidente de Costa Rica una modesta y decorosa residencia donde pueda vivir con su familia inmediata sin tener que viajar diariamente, que es un ridículo nacional cotidiano. Esa casa que puede constar de tres dormitorios y contar con un hermoso comedor, podría ser la solución para los problemas cotidianos y ocasionales del gobernante costarricense.

Alberto F. Cañas