Alberto Cañas

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Miércoles 23 Noviembre, 2011


CHISPORROTEOS


He seguido con interés las reformas que la Asamblea General del PAC ha hecho al Código de Ética de ese partido, al cual sigo perteneciendo aunque mi avanzada edad me impida estar activo dentro de él. Ese necesarísimo Código se preparó (sin mi participación, advierto) cuando el partido estaba recién nacido y sin experiencia. Era necesario revisarlo.
Lástima que no se haya eliminado la torpe prohibición que contiene para los diputados del PAC de viajar con pasaporte diplomático, documento que en Costa Rica está sumamente reducido. Sólo gozan de él los diplomáticos, los expresidentes de la República y los miembros de los poderes del Estado. Entre ellos los diputados. Al viajar le permite al diputado que en los otros países le dispensen las cortesías que usualmente reciben los miembros de los gobiernos amigos. Eso es todo y es suficiente.

Han modificado el Código en cuanto al número de asesores pagados de que puede disfrutar el diputado del PAC. Yo fui diputado en el período 1962-1966, cuando los diputados no teníamos asesores. Pero la verdad es que cada uno, dentro de su propio partido o dentro de su propio círculo de amigos, contaba con personas entendidas en las materias en que el diputado no lo era, que nos dispensaban asesoramiento sin cobrarnos un céntimo. En el período 1994-1998, creí que, ya que el cargo existía, necesitaba un asesor en materias económicas, y tuve conmigo a Luis Paulino Vargas, a quien conocía de la UNED, y se lo robé a mi compañero Ottón Solís. Fue muy útil para mí contar con un hombre tan capaz a mi lado. Sin embargo, aunque estoy seguro de que en el PAC no ocurrirá, las famosas asesorías han servido en otros partidos para toda suerte de inmoralidades, como nombrar asesores a los parientes inmediatos del diputado.
La verdad es que el ideal sería que los partidos llevaran a la Asamblea a personas que tengan la capacidad y la instrucción suficientes para necesitar asesores solamente en materias específicas. Muchas veces me he preguntado si no estaría mejor en la curul el asesor que ciertos diputados. La asesoría, en fin, se ha convertido en una alcahuetería para que los partidos lleven analfabetos a las curules.
En lo que no estoy de acuerdo de ninguna manera es en eso que llaman convención abierta, cosa que, hasta donde mi conocimiento alcanza, no la practica ningún partido político del mundo, salvo en nuestro país. Es absurdo que un partido invite a los miembros de otros partidos a que le ayuden a escoger su candidato. Los de los otros partidos, que aspiran a que el suyo gane la elección se empeñarán en que el que los invitó tenga el peor candidato posible, para derrotarlo con más facilidad. Si ustedes revisan la historia reciente, verán que la decadencia espantosa del Partido Liberación Nacional comenzó cuando le permitieron a gente del partido adversario participar y más de una vez, estoy seguro, decidir, quien sería el candidato presidencial del PLN. Buen idiota será el que no procure que el partido al cual adversa no presente el candidato más derrotable posible. Cuánta de la degeneración política que hemos vivido en las últimas décadas no se deberá a esa estupidez.

Alberto F. Cañas