Alberto Cañas

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Sábado 29 Octubre, 2011


CHISPORROTEOS


Confieso haber quedado patidifuso al leer la enormidad de proyecto de reforma a la ley de Premios Nacionales que el Ministerio de Cultura ha sometido a la Asamblea Legislativa.
Comienza por eliminar los premios Aquileo Echeverría, o sea los premios que cada año se dan en novela, cuento, ensayo, teatro, poesía e historia. Ya eso es suficientemente pavorizante, porque en este país, donde la publicación de libros rara vez es noticia, y donde la prensa no ofrece como en los países importantes, salvo ocasionalmente, reseñas y comentarios sobe los libros que van apareciendo, la obtención de un premio Aquileo crea interés y expectación sobre los libros que lo obtienen, que a veces es la única repercusión pública que logran. Quien preparó esa parte del proyecto ignora esa circunstancia que es importante.

Sólo quedará, de acuerdo con el proyecto, un premio anual, innominado, en Literatura, junto con otros en Artes Interdisciplinarias (signifique eso lo que signifique), Artes Visuales, Artes Audiovisuales, Danza, Música y Teatro. Este último no se sabe si para autores, directores, escenógrafos o intérpretes.
Estos premios se otorgarán, pongan atención los lectores, a los creadores que, a juicio del jurado, evidencien el puntaje más alto en los siguientes, abstractos conceptos: excelencia en el nivel técnico de su desempeño de acuerdo a (debió decir de acuerdo con) los parámetros de su especialidad (no se indica donde se hallan esos parámetros); creatividad en su desempeño, en función de su carácter innovador (un poco, pues, de innovación como un valor en sí mismo), alto rigor estético y conceptual (bla bla bla), probada trayectoria en la especialidad correspondiente (o sea que el debutante está eliminado, sin que se sepa cuando su trayectoria va a ser “probada” ni ante quien) y relación de la propuesta con el entorno y/o (buen castellano) el momento actual.
Me propongo seguir con esto en las columnas subsiguientes.

Alberto F. Cañas