Alberto Cañas

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Miércoles 12 Octubre, 2011


CHISPORROTEOS

A la triste conclusión a que uno podría llegar (pero no se decide o no se atreve a hacerlo) cuando se entera de las barbaridades que administraciones recientes han cometido en la Caja Costarricense de Seguro Social, es que se propusieron deliberadamente destruirla.
Como se propusieron, eso sí está claro, destruir el Consejo Nacional de Producción y el Instituto Nacional de Vivienda y Urbanismo, instituciones antaño florecientes y que servían al pueblo, y hoy no son otra cosa que una Junta Directiva que cobra dietas. Y algo parecido han intentado con el ICE, solo que no han podido.

Lo de la Caja fue, en algún momento, pura y abierta deshonestidad y más tarde pura y abierta incompetencia.
Lo que es lamentable es que el Gobierno (salvo en el arreglo a que llegó con Ottón Solís), no parece dispuesto a tomar decisiones y solo ansía que el pequeño grupo que hoy constituye la dirección del PLN, siga girando de Ministerio en Ministerio, para demostrar la capacidad que tiene de desempeñar cualquier posición.
Comentaba hace algunos días con un viejo amigo, la apenas regular calidad de los liberacionistas (no todos lo han sido) que ocupan cargos en el gabinete, y me dijo descaradamente que lo que ocurre es que los que están allí son los únicos que aceptan pasar por la humillación de declarar hasta el contenido de los armarios de su servicio doméstico. Hay que tener muchas ganas de figurar, me dijo ese amigo, para aceptar esa humillación. Yo, por mi parte, pienso que hay que agradecer a algunos que pasen por eso en un afán por servirle a su país. Son pocos y todos sabemos quienes son.
Y cabe preguntarse la razón por la cual la ley que obliga a tales cosas sigue en pie sin que ningún gobierno y ningún diputado propongan que se la derogue (como he dicho que lo haría un gobierno de facto en menos de veinticuatro horas.)
Otra cosa que parece preocupar a muchos es la intención de poner impuestos a las empresas que disfrutan de las zonas francas. Hay una mentalidad en Costa Rica (no siempre la hubo), que tiende a sostener que los costarricenses debemos pagar impuestos y los extranjeros no. Bonita cosa. Y alegan que los extranjeros invierten aquí y dan trabajo a mucha gente.
A lo cual procede responder que los empresarios costarricenses también invierten aquí, dan trabajo a mucha gente y no exportan sus utilidades. Pero esos señores sostienen que los que exportan sus utilidades no deberían pagar impuestos. Y se enojan cuando se habla de que los paguen.

Alberto F. Cañas