Alberto Cañas

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Viernes 10 Junio, 2011


Chisporroteos


La Editorial Costa Rica le está rindiendo un homenaje a su fundador, Fernando Volio Jiménez, muy merecido. Porque esa editorial, y algunas otras cosas de las que hablaré en esta columna, se le deben a él, verdadero benemérito de la cultura costarricense.
Eso comenzó en 1955. Fernando Volio se comenzaba a desempeñar como funcionario en el Ministerio de Relaciones Exteriores, teniéndome a mí en mi calidad de Vice Ministro como su superior inmediato. Su principal ocupación consistía en ser el encargado de sostener las relaciones corrientes de la Casa Amarilla con las representaciones diplomáticas costarricenses en el exterior.
Pronto comenzó a preocuparse porque nuestras embajadas y consulados se quejaban de no tener a mano libros, folletos y publicaciones en general sobre nuestro país, que sirvieran para darlo a conocer en el exterior o para divulgar las características nuestras que más podrían interesar afuera.
Fue así como, con el apoyo entusiasta del Ministro Mario Esquivel, se convocó una reunión de dueños de imprenta, libreros y escritores, para discutir el problema. Esta reunión significó la reconciliación del mundo literario costarricense después de los sucesos del 48, y a ella llegaron escritores y poetas más adictos al régimen de los ocho años.
En esa reunión, el señor Lehmann, propietario de la librería e imprenta que lleva el nombre de su familia, sugirió que la solución al problema que la provocaba era que el Estado fuese el que publicara los libros que se necesitaban. Se nombró una comisión presidida por él (no recuerdo los nombres de los otros integrantes) para que preparara un proyecto. Efectivamente dos semanas después, en una nueva reunión, el grupo aprobó el proyecto para crear una editorial pública, dirigida y regentada por los escritores y no por burócratas. El Ministro Esquivel se entusiasmó con la idea y ordenó que se sirviese champaña esa tarde a los escritores e impresores reunidos, y prometió (cumpliéndolo en menos de una semana) llevar el proyecto al Consejo de Gobierno. Esto sucedía entre octubre y noviembre de 1955.
Acompañé a Esquivel al Consejo de Gobierno, que acordó poner el proyecto en manos del Ministerio de Educación. Lamentablemente, el Ministerio de Educación, como era de esperar, lo archivó.
Pasaron los años. En 1958, Fernando Volio fue elegido diputado por el Partido Independiente que había postulado la candidatura de Jorge Rossi. Pronto la fracción del Independiente y la del PLN se entendieron, Liberación se consolidó y se convirtió en la fracción más fuerte de la Asamblea, dominando el directorio.
Fernando Volio logró localizar el proyecto de editorial, no sé si en la gaveta 45983XM5 del Ministerio de Educación o en el archivo de la Casa Amarilla, y lo presentó a la Asamblea Legislativa, que lo aprobó casi por aclamación, y el Presidente Echandi, tras algunas dudas que pronto se disiparon, le puso el ejecútese. La Editorial Costa Rica nació. Solamente el periódico La Nación se opuso al proyecto, preguntando editorialmente de dónde iban a salir los escritores.
Durante ese mismo cuatrienio legislativo, Volio presentó y logró que se aprobara, la ley que creó los premios nacionales Magón, Aquileo J. Echeverría y García Monge.
Pasó el tiempo, Fernando Volio llegó a ser Ministro de Educación en el gobierno de Oduber. Desde el Ministerio de Educación logró la creación de la UNED, y a causa de la indiferencia del Ministerio de Cultura la creación de la televisora Canal 13, que Cultura había iniciado durante el gobierno anterior, y despreciado a partir del 74, y que entonces Educación asumió. Trasladado Volio a Ministro de la Presidencia, se llevó con él la televisora. Y al perder el PLN la elección de 1978, el Canal 13 se quedó en la presidencia de la República, donde con el paso de los años lograron echarlo a perder sin que sirviera para nada…
Muchas otras cosas, en muchos otros campos, se le deben a Fernando Volio. Pero las que he contado hoy son suficientes para acreditarlo con el título que le otorgué en el primer párrafo de estas líneas, de Benemérito de la Cultura Costarricense, título que ojalá la Asamblea Legislativa oficialice. Gracias a la Editorial Costa Rica por acordarse de su fundador y por rendirle ese homenaje.

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