Alberto Cañas

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Sábado 4 Junio, 2011


Chisporroteos

Por ahí andan algunos diputados con ganas de aumentarse su pensión. Estoy casi seguro de que figuraron entre los que pretendieron el año pasado aumentarse sus dietas sin haber siquiera empezado a… digamos que a trabajar.
No sé si esto tendrá que ver con la creciente y alarmante mediocridad de los ciudadanos que escalan curules en el Poder Legislativo en las papeletas de determinados partidos. Lo que sí es obvio para cualquier observador con dos dedos de frente, es que hay individuos que llegan a la Asamblea y una vez que se ven en ella, bajo ningún concepto se resignan a regresar a ser lo que antes fueron.
Y si su partido gana las elecciones siguientes, se hacen nombrar directores de autónoma, o embajadores donde sea, y conforme el asunto se consolida, ministros de lo que sea con opción asegurada de desempeñar sucesivamente distintos ministerios, y el gobierno de la República se va convirtiendo en el carrusel que presenciamos, donde personajes sin ningún atributo especial que se conozca desfilan por los altos puestos, y una vez que entraron a formar parte de la planilla del tesoro público, ni con amenazas de muerte se consigue que acepten dejar de estar en ella.
Es así como la mediocridad que siempre existió en algún grado dentro del Poder Legislativo, fue creciendo en número, luego se trasladó a otras áreas, y hoy contemplamos no sólo asambleas sino también gabinetes donde hay gente que uno tiene que empezar por averiguar quién es, de dónde salió y qué mérito se le atribuye.
Un buen amigo mío me resumía esta situación, indicando la frecuencia con que se entera uno de un nombramiento en cargo importante y tiene que preguntar quién demonios es el nombrado, porque jamás había oído hablar de él como persona destacada o con condiciones intelectuales, culturales o morales.
Lo que ocurre es que se ha formado una especie de clase exclusivamente política y sin significado fuera de la política, dentro de la cual los sucesivos candidatos y gobernantes van esculcando para integrar fracción legislativa, gabinete y cuerpo diplomático, y que va de puesto en puesto sin distinguirse en ninguno pero sin dejar de figurar.
Por supuesto, dentro de esa extraña muchedumbre surgen ocasionalmente funcionarios inteligentes o capacitados que sacan adelante su tarea, que no todo es negro en la viña del Señor. Pero la mediocridad ambiente se mira, se siente y se huele por todas partes, y no se ve dentro de los partidos tradicionales lo que se veía antes: una generación de jóvenes estudiosos que se prepara dentro de ellos para asumir eventualmente con éxito la función pública.
Ignoro cómo va a culminar esto, y si el país logrará superar pacíficamente esta oscura etapa. A veces pienso con tristeza que enderezar este país va a ser difícil hacerlo constitucionalmente. Así es de negra la situación.

Alberto Cañas
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