Alberto Cañas

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Sábado 12 Febrero, 2011


Chisporroteos


Sigo con mis comentarios a los premios nacionales (Magón, Aquileo, García Monge, Pío Víquez) y al proyecto de ley que la diputada Alicia Fournier ha presentado, no para reformarlos sino para acabar con ellos.
Hay que desenredar el Magòn. El Magòn no fue establecido para científicos, pues el país tiene un premio específico para ellos: el Clorito Picado. Lo que sucede es que más que un premio es un concurso, y se debería legislar para quitarle ese carácter. Lo que ocurre es que el Magón se creó para escritores. Cuando Paco Amighetti lo recibió en su calidad de poeta, fue clara la necesidad de hacerlo accesible a los artistas. Y a los historiadores (aunque ya alguno. Hernán G.Peralta lo habían recibido), pero en una de esas cosas que suceden por arte de birlibirloque, donde el proyecto de reforma (sometido por el autor de estas líneas en su calidad, entonces de Ministro de Cultura) decía historiadores, la ley que se aprobó puso investigadores.
El Magón, de acuerdo con su intención y antecedentes, debe ser para escritores, artistas, compositores e historiadores. Las demás actividades tienen sus propios premios. Y tal vez lo que procede, en cuanto a personas que se ocupan o se preocupan de la cultura (de las cuales hay varias que recibieron un Magón no previsto por la ley), es ampliar el Premio Garcìa Monge, que está concentrado sobre periodistas, y hacerlo extensivo a todos los promotores de la cultura.
Los periodistas tienen el premio Pío Víquez, que lamentable-mente no se está concediendo, como al principio, por la labor de toda una vida, sino por alguna hazaña momentánea del año en que se otorga.

La manera disparatada en que se manejan los premios actualmente, es evidente, cuando vemos que este año uno de los premios de arte se concedió a un edificio, y no al arquitecto que lo diseñó. Y que una de las más notables producciones teatrales del último quinquenio, la memorable puesta en escena de El Vestidor, obtuvo un premio para su escenógrafo, cuando su director, su protagonista masculino y todas las mujeres que desempeñaron allí pequeños papeles, eran indiscutibles acreedores al premio, con mucha ventaja sobre quienes en última instancia lo van a recibir.
Dos cosas más quiero decir. La primera, mi satisfacción por la persona a quien se otorgó el Premio Magón de este año. Un creador, un artista, no un burócrata ni un “protector de la cultura”, ni un científico. Olger Villegas es uno de los principales escultores que tiene hoy Costa Rica. No el único con méritos dichosamente, y hay otros que con justicia deberán eventualmente recibir el Magón. Es admirable la modestia con que el, al recibir la noticia del premio, pretendió que su mérito mayor es el haber sido el maestro del internacionalmente reconocido Jiménez de Heredia. Pero el monumento a las garantías sociales, y la estatua de Daniel Oduber son pruebas de su talento y su capacidad. Lo congratulo y me congratulo de este esfuerzo por devolverle al Magòn el prestigio que estaba perdiendo... o le estaban quitando.
Por supuesto, habrá que levantar un movimiento fuerte contra el proyecto-barbaridad que ha presentado la diputada Fournier, que acabaría de una vez por todas con uno de los enormes esfuerzos que hizo Fernando Volio Jiménez por estimular la cultura nacional, pues equipara a la larga la cultura con la charanga. De lo cual ya hay suficiente en la Costa Rica de hoy.

Alberto F. Cañas
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