Alberto Cañas

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Miércoles 18 Marzo, 2009

CHISPORROTEOS

Alberto F. Cañas

Hace unos días dije en esta columna que no parece lógico que una persona aspire a una candidatura presidencial si no es suficientemente conocida, pues lo lógico es darse a conocer primero y lanzarse a la lucha electoral después. Lo dije en estos términos: “No se puede no se debe aspirar a un cargo de elección si no se es conocido”. (Tal vez me equivoqué en la elección de los verbos; sí se puede pero no es aconsejable, y lo dije pensando en los aspirantes y no en los partidos.) Eso rige lo mismo para una candidatura a la presidencia de la República que para un puesto en la junta directiva de una cantina cooperativizada. Si quienes van a votar no me conocen, pierdo mi tiempo. Porque la gente, por lo general, vota por alguien a quien conoce, y no parece lógico que para darse a conocer se emplee el tiempo que hay entre la convocatoria a una elección y la elección misma.

De esto ha sacado el periodista Enrique Tovar algunas conclusiones sorprendentes, como la de que mi opinión facilita que las figuras de la farándula se postulen a cargos políticos porque son muy conocidas.

Que las figuras de la farándula sean muy conocidas en su terreno, no quiere decir que lo sean en el terreno político. Estoy seguro de que si alguna vez don Pepe Figueres (que no podía ser más conocido) hubiese lanzado su candidatura a la presidencia de una asociación de cantantes de rock, no hubiera obtenido ni un voto. Cada quien es conocido dentro de su ramo.

El caso de don José Joaquín Trejos no viene a cuento. El fue escogido como candidato por dos grupos: el ulatismo y el calderonismo. Don José Joaquín fue producto de un arreglo, no de una convención, y era tan poco conocido, que ganó oficialmente por cuatro mil votos, con la ayudita de la doble papeleta (que yo vi y constaté)… pero es que don J.J. era poco conocido.



No me opongo a que los desconocidos se lancen. Pero sí a que les pidan a los partidos que varíen sus plazos lógicos para favorecerlos a ellos; más bien, a que los partidos les hagan caso. Cada quien debe saber cómo se lanza y cuándo se lanza, pero los partidos no pueden, ni deben variar sus calendarios y sus condiciones de acuerdo con las necesidades, deseos o exigencias de este, aquel u otro precandidato. Ahora bien, si todos los precandidatos se unen para pedir algo, probablemente el partido respectivo los complacerá. Pero sucede, y eso es muy conveniente que lo sepa don Enrique Tovar que tanto sabe y tanto adivina, que en la Asamblea Nacional del PAC, hubo dos posiciones sobre la fecha de la convención, pero ningún delegado de los que votaron por una convención posterior a la del PLN esgrimió el argumento que tanto le gusta a don Enrique. Eso surgió después de la Asamblea, cuando mi respetado amigo don Román Macaya lo sacó a relucir en la prensa.

La mayoría se inclinó por que la convención se realizara cuando todavía los liberacionistas estarán ocupados con la suya, lo cual significa un menor peligro de que se infiltren.

Por supuesto, mi posición es antidemocrática, dice Tovar, sin decir por qué. La democracia tovariana consiste en que los plazos se adecúen a las necesidades particulares de cada contendor. Es tan sorprendente la democracia tovariana, que según ella, no habiendo sido elegido don Ottón Solís en el 2006, ello se debió a que era poco conocido (Las elecciones del 2002 se habían celebrado en Marte.) Lo que tiene que haber sorprendido muchísimo a don Enrique Tovar, fue que Solís, para poder darse a conocer, no hubiese pedido que las elecciones del 2002 se llevaran a cabo el primer domingo de marzo y no el de febrero.

Y como soy dueño absoluto de la verdad según Tovar lo reconoce y se lo agradezco, le doy un consejo: la próxima vez que se vaya a comer un rábano, no se lo coma por la parte verde, sino por la parte roja. Salvo que sea daltónico y confunda los dos colores, porque entonces no hay nada que hacer.

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