Alberto Cañas

Enviar
Miércoles 3 Diciembre, 2008

CHISPORROTEOS

Alberto F.Cañas

Para abrir boca quiero recordarle a este periódico al que tanto quiero, con vista del titular con que abrieron ayer, que alerta es un adverbio, y por lo tanto no tiene plural. Su uso como adjetivo no lo recomienda el diccionario, aun admitiendo que no es frecuente.

La idea de convocar una Asamblea Constituyente, con perdón de don Rodrigo Arias a quien aprecio y él lo sabe, es, en este momento, un error. Un momento en que el país se debate entre distintas y encontradas posiciones ideológicas sin que ninguna prevalezca, y ninguna pueda llegar a tener una mayoría decisiva en ella, nos llevaría a una Asamblea muy confusa de la que no se puede saber, cabildeo tras cabildeo, qué saldrá ni si saldrá algo congruente o algo peor que lo que tenemos.

Pero veamos una cosa. Hay casi una convicción nacional de que lo peor aquí es la estructura del Estado. Y lo que todos querríamos reformar es eso: las disposiciones que organizan los tres poderes y las relaciones entre ellos. Nadie quiere cambiar lo otro, ni las garantías sociales ni las individuales ni ninguna otra cosa.

Aunque algunos creemos que debería borrarse la aberración de los constituyentes del 49 al no incluir (como lo estaba en la constitución anterior) la libertad de comercio entre las garantías individuales que se permite suspender durante una emergencia. Este disparate impidió que cuando la crisis del petróleo del 80, el gobierno de Carazo racionara la gasolina como mucha gente se lo pidió y como con buen criterio y buen éxito lo hizo el gobierno de Calderón Guardia durante la segunda guerra mundial.

En todo caso, en el archivo de la Asamblea Legislativa existe el gran proyecto de reforma constitucional que presentó el entonces diputado Rodolfo Piza Escalante en el periodo 74-78, que se refiere muy concretamente a la estructuración y organización del Estado sin tocar otros temas, que nadie quiere tocar.

Lo que procedería sería desempolvar ese notable proyecto, que lo vean las fracciones actuales y que lo comiencen a tramitar. Se le podría dar a la gran reforma una votación de primera legislatura el año entrante y que sea la Asamblea de 2010 la que le dé aprobación definitiva.

También se me ocurre, y sería más rápido, que el Poder Ejecutivo le pida a la Sala Cuarta que, así como el 132, reforme los otros que se necesiten. El expresidente Monge y este servidor diríamos que es un golpe de estado, pero solo nosotros; y los demás se quedarían tranquilos. ¡Qué diablos! Si la Sala cree tener poder constituyente, que lo use hasta el último sorbito.

[email protected]