Alberto Cañas

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Sábado 29 Noviembre, 2008

Chisporroteos

Alberto F. Cañas

Ayer, en la Alianza Francesa, fue proyectada una notable película norteamericana: Paths of Glory (Senderos de Gloria la llaman ahora, traduciendo literalmente el título original) a cuya estupenda calidad se atribuye la repentina y violenta fama que le deparó a su director, el casi debutante Stanley Kubrick, cuya reputación arranca de ella. Esa película se estrenó en San José en 1958 con el título castellano de Patrulla Infernal, y aquí viene lo paradójico: que su exhibición fue suspendida a los pocos días por orden del gobierno, a instancias de la Embajada de Francia que estimaba que trataba mal al ejército francés. Lo cierto es que es una película notable, con un gran trabajo del gran Kirk Douglas.

El jueves pasado, hicieron la Academia Costarricense de Lengua y la Librería Internacional, entrega del premio literario que ha creado la Academia, y al que la librería le ha dado un sólido fundamento económico. La primera obra galardonada ha sido la novela El Corazón del Silencio, de la escritora chileno-costarricense Tatiana Lobo, que se publicó en 2004 y fue muy bien recibida.

De la notable producción narrativa de Tatiana Lobo, esta novela es la única que no desarrolla un asunto costarricense. Pero su tema, de interés universal si se quiere, es el regreso a Chile de una exiliada, al terminar la antropófaga dictadura de Augusto Pinochet. Es bueno subrayar aquí que Tatiana Lobo no vino a Costa Rica como exiliada política, pero los perseguidos por la dictadura encontraron entre nosotros a una compatriota que se solidarizaba con ellos, y que actuaba, pensaba y sentía como ellos.

Las obras de Tatiana Lobo han explorado aspectos desconocidos de nuestra vida. Asalto al Paraíso, pongo por ejemplo, es la única novela nuestra que se ha empleado a fondo en escudriñar y describir la vida de nuestros habitantes durante el periodo colonial. El Año del Laberinto analiza y desentraña un caso en el San José de finales del siglo XIX, en el que una intriga política feroz en torno a la guerra de independencia de Cuba culminó en el asesinato de una mujer, y en el juzgamiento de su marido, un cubano destacado a quien la novela reputa de inocente, pero que era el principal financiador de los revolucionarios de su país, en una Costa Rica que los recibía, les daba asilo y los incorporaba a su propia vida. La impresión general de todos cuantos hemos leído este magnífico libro, es que dio en el clavo, y que por fin se ha aclarado, no solo un misterio, sino una espantosa injusticia que se cometió hace más de ciento diez años. Pero esa no es la novela premiada. Descúbranla ahora quienes no la hayan leído aún.

Los miembros de la Academia Costarricense de la Lengua confiamos en que la adjudicación por primera vez del premio, recaída en libro de tanta categoría, le dará prestigio a nuestro premio, que se otorgará anualmente, alternando las obras literarias con los ensayos lingüísticos o de otro orden. Y por supuesto, nos satisface mucho contar con el contenido económico que la Librería Internacional le ha dado a nuestro galardón, cuyo prestigio, lo debemos reconocer, depende de nosotros los académicos.

Es bueno terminar diciendo que, de acuerdo con el reglamento que hemos aprobado, ningún miembro de la Academia Costarricense de la Lengua puede recibir este premio. No hemos necesitado de un tribunal de ética para adoptar esa medida.

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