Macarena Barahona

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Sábado 28 Abril, 2012



No se que sentencia podrá dictarse de parte de los jueces de la Corte IDH, que alivie a sobrevivientes y familiares de las victimas, y si esto es posible

Cantera
Centroamérica: una historia de violencia

En estos días la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) se reúne en la ciudad de Guayaquil, en el marco del 45° periodo extraordinario de sus sesiones.
El pasado lunes el Estado salvadoreño reconoció ante esta Corte su responsabilidad en la masacre conocida como de El Mozote, en la que más de un millar de personas fueron asesinadas por el ejército salvadoreño en 1981.
Tres testigos narraron la matanza, perpetrada por el extinto batallón de Infantería de Reacción Inmediata Atlacatl, donde mas de mil personas entre ellas 450 niños fueron asesinadas entre el 11 y el 13 de diciembre de 1981. Decenas de mujeres y niñas fueron violadas, los supervivientes desplazados, y destruidos todos sus bienes, en la comunidad de El Mozote y otras aledañas.

Fueron los años de la guerra civil, sin embargo la violencia dirigida a la población civil de grupos de campesinos en economías de subsistencia, fue sistemática y el horror represivo del ejército, fue inhumano.
El director de Derechos Humanos de la Cancillería de El Salvador manifestó que su Gobierno es consciente del sistemático proceso que hubo durante 27 años para negar los hechos de El Mozote.
El ejército salvadoreño, salvo honradas excepciones, ha servido como institución de represión a la orden de los abusos y arbitrariedades de generales y dictaduras que han controlado el poder político y militar. Un mea culpa, un proceso de investigación a los genocidas líderes de impunes crímenes, no conlleva la liberación del dolor de la memoria de los supervivientes, ni siquiera de la historia de El salvador como sociedad, pero sí es un fragmento de conciencia, en el gran engranaje de la historia como curso que libera tanto silencio, tantas muertes y víctimas.
No sé qué sentencia podrá dictarse de parte de los jueces de la Corte IDH, y de su presidente Diego García Sayan, que alivie a supervivientes y familiares de las víctimas, ni si esto es posible.
La historia está por hacerse, la de los sucesos ocultos, la de las víctimas, la historia dramática de los derechos humanos, en El Salvador, en Guatemala, en Honduras, en Nicaragua.
Hacer este juicio significa también hacer la historia, una historia visible para el tiempo, una memoria que dignifica a una sociedad, a una sociedad humanista, a una cultura centroamericana.

Macarena Barahona Riera