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Viernes, 16 de noviembre de 2018



MAGAZINE


Cata II

| Viernes 22 febrero, 2008



Esquina epicúrea
Cata II


Esta vez no es de vinos, sino de cerveza, pues encontramos un paralelismo digno de compartir.
Reconozco también que escribo motivado por varias personas que me hicieron simpáticos comentarios respecto a la columna anterior.
Reiteramos haciendo eco y manteniendo un hilo conductor que es hora de decir lo que uno piensa, en este caso refiriéndose a lo que se siente cuando degustamos alimentos y bebidas.
Aporto el tema de la cerveza por experiencia propia, pues estoy involucrado en un programa orientado a capacitar a profesionales del sector de la industria de la hospitalidad en materia de cerveza.
Algunas personas se han sorprendido de verme vinculado a esta bebida, pues consideran que le falta “glamour”.
Respecto a ellos, con todo respeto, hago referencia a una información que me llegó que dice que hay cuatro estados o niveles de conocimiento y que las personas se clasifican dependiendo del nivel de conocimiento que despliegan: el primero es el nivel de “las personas que no saben que no saben”, el segundo, “las personas que saben que no saben”; el tercero, “las personas que saben que saben”, y el último y digno del “nirvana”, “las personas que no saben que saben”.
Quienes hacen comentarios sorprendidos refiriéndose a la cerveza como una bebida de la cual nada se puede hablar (y solo tomársela de forma automática sin disfrutarla conscientemente descubriendo verdaderamente su sabor y el efecto que se logra con diferentes comidas), pertenecen al primer nivel de conocimiento que resulta ser el más peligroso: el que “no saben que no saben” y es sobre todo porque se incorporan patrones de conducta que es importante modificar.
A este grupo pertenecen aquellos que al escuchar a una persona pedir una cerveza liviana para acompañar el primer plato y después solicitar una cerveza más malteada para acompañar el plato fuerte exclaman: “maje qué le pasa… ¿está loco?”.
Así es la vida y es altamente probable que hayamos sido cómplices de situaciones parecidas ya sea por “culpabilidad” directa o por silenciosa complicidad. Respecto al programa de capacitación sobre cerveza, acepté de forma inmediata sumarme al grupo de quienes les provoca el descubrimiento constante y me encontré entonces envuelto en un interesante programa sobre esta bebida milenaria y entusiasmado descubrí que se puede contribuir a mejorar la calidad de vida de otras personas al comunicar y explicar que la cerveza debe tomarse con moderación en primer lugar y que es mejor y más divertido saborearla al combinarla con platos más elaborados, es decir mejor preparados. ¿Cata de cerveza? Sí, es posible y se descubre un mundo nuevo.
Y si alguno de los lectores está interesado en experimentarla, ¡no dude en contactarme!
Buen provecho y hasta la próxima semana.