Por una parte, el relativismo identitario, en EEUU woke, generado por grupos progresistas insatisfechos con los avances que se estaban logrando, adquirieron una fuerte convicción sobre la superioridad moral de sus posiciones económicas, políticas y culturales para denunciar la injusticia social, la discriminación, la desigualdad de ingresos, de oportunidades y de trato por la sociedad y las instituciones públicas. Para resolver esos males, ciertamente muchas veces reales, buscaron crear derechos para grupos específicos con lo que destruyen la búsqueda de reglas generales de conducta justa y dividen la sociedad en grupos tribales que terminan enfrentados.