Macarena Barahona

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Sábado 30 Agosto, 2008

Cantera

Macarena Barahona


El pasado 21 de agosto en varios periódicos circuló una fotografía de la agencia EFE, tomada en la histórica ciudad de Praga, donde una muestra fotográfica conmemora lo que se denomina “Primavera de Praga”, cuando tropas del Pacto de Varsovia tomaron esta capital de la antigua República de Checoslovaquia —hoy Republica Checa y Eslovaquia— y dieron fin a las jornadas comunistas de reformas, impulsadas por el entonces, secretario general del partido Comunista de Checoslovaquia, Alexander Dubek.
Sus esfuerzos perseguían reformas económicas, aperturas a otros partidos políticos, excluir al Estado del control de los medios de comunicación entre otras cosas. Cuarenta años después todo y más ha cambiado en esas sociedades, la apertura ha sido más que total: sus antiguos dirigentes no lo hubieran soñado jamás, el furor del capitalismo muele despacio el capital, pero fino. La necesidad de su expansión hizo trizas cualquier ideología que llenara la conciencia de pudores, cualquier simbólico muro o frontera por razones raciales, culturales o terroristas.
Los caminos del poder han conseguido casi sin héroes ni víctimas, lo que 40 años antes los dirigentes eslovacos o checos quisieron en su espíritu de modernidad y de libertad de otra época, en que se creía en igualdades y justicias sociales.
La foto de EFE nos hace recordar esa antigua imagen de la plaza tomada por tanques con un joven soldado y su metralla observando su alrededor; en medio, curiosos transeúntes sin miedo ni estupor pasean en su plaza. Pero a un lado, en un abrigo de tonos claros, una mujer mayor por sus cabellos blancos y algo encorvados sus hombros, pasa sin afán a un lado del tanque del primer plano. Cuarenta años después, la imagen se repite en su esplendor de aniversario. Otra mujer de cabello blanco y vestido claro (en colores celestes), camina, como la de hace 40 años superpuesta a la foto de la reproducción antigua; ignorando exposiciones y fotos de tanques. “Praha 1968”, “Praga 2008”.
Las mujeres en su andar marcan los verdaderos caminos de la historia, esos que buscan en los mercados del cada día, el mejor alimento para sus familias, el cada día de los nacimientos, del cosechar, de educar, de sanar, de curar, de morir, de sufrir y de amar. Ellas con su paso cansado, me han evocado más que los partidos políticos, más que anuncios en los medios de comunicación colectiva, más que capitales internacionales o más que los tanques y misiles de ahora.
Entre una y otra década, el camino del día a día, seguirá preciso como un reloj de sol, con su esperada sombra y su impecable movimiento.