Miguel Angel Rodríguez

Miguel Angel Rodríguez

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Lunes 10 Abril, 2017

Canadá: crecimiento económico con solidaridad

Como Costa Rica, Canadá es más exitosa en sus resultados sociales que en su desarrollo económico… pero tiene una economía mucho más eficiente y un nivel de bienestar económico mucho mayor.
En el Índice de Desarrollo Humano de 2015 del PNUD, Canadá ocupa el décimo lugar entre 188 naciones evaluadas, y por su ingreso nacional bruto por habitante está en la posición 22, de manera que su desarrollo social está 12 posiciones adelante. De manera similar Costa Rica en la posición 66 del Índice de Desarrollo Humano, está 14 puestos adelante al lugar que le corresponde por su ingreso nacional bruto por habitante.
Partiendo de una economía en mucho basada en recursos naturales, ha logrado Canadá un muy elevado nivel de ingreso por habitante, $42.582, es tres veces el nuestro.
El camino de Canadá ha sido parecido al que hemos seguido nosotros en las últimas décadas, con una gran apertura al comercio internacional, en el cual ha disfrutado del Tratado de Libre Comercio de América del Norte.
Es muy representativo de esa pauta de desarrollo económico común que en 2001 firmáramos el Tratado de Libre Comercio Canadá-Costa Rica, el primero entre una nación desarrollada y un pequeño país en desarrollo.
Esa negociación surgió en el viaje de estado que realicé a Ottawa en enero del año 2000. Le expuse al primer ministro Jean Chrétien que esa negociación podría fortalecer el compromiso —entonces vigente—de negociar un Tratado de Libre Comercio de las Américas. Ese fue el argumento que convenció al Primer Ministro de que valía la pena incurrir en los altos costos de dedicar un equipo negociador a ese fin, y de enfrentar los esfuerzos políticos necesarios para aprobarlo, aunque para Canadá eso abría un mercado tan pequeño como el nuestro.
Canadá logró su crecimiento económico con un desarrollo muy solidario y con una población con importante diversidad étnica.
Es más fácil de entender la solidaridad que caracteriza a los países escandinavos, pues con una población muy homogénea es más natural que las personas venzan el egoísmo y sacrifiquen ventajas personales para favorecer al prójimo. Ello requiere entender las ventajas que a mediano plazo se derivan del apoyo mutuo, y apreciar el altruismo, lo que siempre es difícil. Claro que lo es aún más cuando vemos al prójimo como diferente, y ciertamente el extremo de la dificultad radica en la regla que nos manda Jesús de amar al enemigo.
Canadá, como un país con un gran territorio escasamente poblado, siguió desde el siglo XIX una política migratoria muy abierta. Cuando muchas otras naciones cerraron sus fronteras, estableció desventajas impositivas para los ciudadanos chinos. Todavía hoy su política de aceptación de refugiados es de las más abiertas de los países occidentales. Ello le ha permitido poblar su territorio y aumentar sus capacidades productivas. La diversidad, igual que ocurrió en Estados Unidos el siglo XIX, no fue obstáculo para su progreso productivo, sino más bien fue ayuda para lograrlo. Igual ha ocurrido en nuestro país con los inmigrantes que han venido a convivir con nosotros.
Claro que como toda construcción humana Canadá no es un país perfecto. Con razón en muchos casos se protesta contra las políticas de explotación de recursos naturales de algunas de sus empresas en el resto del mundo, como en el caso de Crucitas en nuestro país o en la lucha en contra de la minería del oro que se ha producido recientemente en El Salvador.
Pero es un caso que en mucho debemos imitar para lograr equilibrar la eficiencia y el crecimiento económico con la tolerancia y la solidaridad.