Arnoldo Mora

Arnoldo Mora

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Viernes 4 Abril, 2014

El problema de dirigir un país en crisis no es solo de quien manda en Zapote, sino también de quienes lograron una cuota de poder en Cuesta de Moras


¿Campaña o plebiscito?

Entre las sorpresas que nos ha deparado la campaña electoral que está a dos días de terminar, se dio la decisión del candidato oficialista de renunciar a seguir haciendo proselitismo y propaganda a su favor.
La renuncia de Johnny fue tan intempestiva e inesperadamente anunciada que, incluso, la hizo sin consultar ni al Directorio de su partido ni a los diputados electos y que él mismo había escogido.
El propio candidato, para justificar tan insólita decisión, adujo falta de recursos; lo cual me parece una causa real pero no suficiente. Alguien que me merece toda confianza y me dijo estar bien informado, adujo como causa principal los datos que arrojaban las encuestas y que eran, según él, apabullantes: 67% para Luis Guillermo y 21% para Johnny. Pero la situación era más grave pues, como dicen los economistas, el valor e importancia de una cifra no está solo en sí misma, sino también en que revela una ”tendencia”.
Y la tendencia era que la caída del candidato verdiblanco se había convertido en un gigantesco alud que arrastraba todo al caer de las alturas, hasta el punto de que se preveía un resultado el 6 de abril de un 10% para Johnny frente a un 85% o más para Luis Guillermo.
Por lo que la renuncia constituía un mal menor: disimularía una debacle para el candidato y una catástrofe de incalculables consecuencias para su partido.
Si lo que se me dijo es una lectura correcta de la realidad no lo sé y, quizás, nadie podrá verificarlo. Lo cierto es que con la decisión del candidato oficialista, se trasformó la campaña y se convirtió en una especie de plebiscito en favor o en contra del candidato del PAC.
Ahora la bola está en cancha del candidato del PAC, no solo a ojos de quienes van a votar, sino también para quienes no lo harán. Hábil y experimentado político, Luis Guillermo lo entendió así desde el primer momento, por lo que llamó con energía a proseguir la campaña como si el “candidato-fantasma” siguiera en la contienda; lo cual se vio corroborado por el hecho de que Liberación siguió en campaña, no quizás pensando en ganar estas elecciones, sino en frenar la desmoralización en sus filas.
Liberación piensa más en 2018 que en el próximo 6 de abril. Pero la vigencia de Liberación depende no solo del esfuerzo desesperado de su dirigencia, sino en no menor medida del rol que asuma su fracción parlamentaria.
Lo cual plantea un serio desafío también para los otros partidos de oposición. Frente al llamado del PAC, secundado por amplios sectores de la opinión pública, que reclaman un gobierno de unidad nacional para enfrentar los graves problemas que se nos vienen encima como país ¿quién asumirá el papel de principal partido de oposición?
¿Habrá entendimiento, con quiénes, en qué asuntos y hasta qué grado? ¿Está alguien en la oposición dispuesto a compartir el desgaste que posiblemente sufrirá el gobierno-PAC? ¿Qué precio están dispuestos el gobierno y la oposición a pagar?
Porque el problema de dirigir un país en crisis no es solo de quien manda en Zapote, sino también de quienes lograron una cuota de poder en Cuesta de Moras.
No olvidemos que el pasado 2 de febrero hubo dos elecciones: una para elegir el Poder Ejecutivo y otra el Poder Legislativo.

Arnoldo Mora